Ana Gabriela Rezc
Agencia Reforma
El término ‘sexting’ se generó a partir de dos palabras en inglés: ‘sex’ (sexo) y ‘ting’, abreviatura de ‘texting’ (textear), por lo que se refiere a ‘textear sexo’, explica Trixia Valle, directora general de Fundación en Movimiento.
En México, agrega, esta palabra comenzó a popularizarse hace aproximadamente dos años, cuando los jóvenes empezaron a enviarse fotos y videos de sí mismos o de alguien más, con poca ropa o sin ella. “Cuando te exhibes o permites que alguien te exhiba de esa manera, lo vaya a compartir o no, de alguna forma se pierde el respeto”, comenta la especialista en bullying.
Al romperse la barrera entre la intimidad y el pudor, los adolescentes pueden ver su autoestima afectada y esto los hace más vulnerables a presentar acoso escolar.
Estos comportamientos, menciona la experta, suelen aparecer entre los 14 y 19 años. Sin embargo, desde la infancia los niños ya traen una predisposición por buscar la adrenalina, sustancia adictiva que se produce por medio de acciones que estimulan el sistema nervioso simpático, como pueden ser el observar programas televisivos o practicar deportes extremos.
“Cuando tú la produces, por ejemplo con los videojuegos, tu cuerpo se acostumbra. Y cuando no se la das, la busca por otros medios. Entonces, cuando llegas a una edad adolescente, buscas cosas que te generen más adrenalina, como aventarte del bungee o incluso realizar ‘sexting’, porque la idea es vivir al límite”, comparte.
Por ello, aconseja a los padres de familia hablar de sexualidad con sus hijos a partir de los 4 años, ya que la educación sexual resulta clave en la prevención de actos como el ‘sexting’, recomendación con la que coincide Leidy Montoya, sexóloga del Instituto Mexicano de Sexología. “Aproximadamente como a los 3 o 4 años los niños empiezan a cuestionar.
Entonces se les debe empezar a platicar desde algo tan básico como cuáles son los nombres de sus órganos sexuales”, señala Montoya.
“Lo ideal es que durante el transcurso de su infancia tengan esa puerta abierta de comunicación, porque de lo contrario ya en la adolescencia son muy pocos los que se van a atrever a preguntar”.
Si bien la educación sexual se enseña en las escuelas, por lo regular a partir de quinto año de primaria, Montoya aconseja reforzar esta información en casa.
“Hay que preguntarles sobre lo que les dijeron en sus clases y desde ahí retomarlo, o si están haciendo una tarea sobre eso, también acercarse con ellos para ver lo que entendieron y qué es lo que piensan al respecto”.
Para que resulte efectivo, recomienda hacerlo con naturalidad, esperar a que surjan las preguntas del niño para dar respuestas adecuadas al contexto y no ahondar en ciertos temas que por el momento el niño no necesita.
