América Juárez
Agencia Reforma
“Es como un árbol al que se le quita la tierra y empieza a moverse”. Con esta analogía Javier Portilla Robertson, coordinador de Patología Bucal de la Facultad de Odontología de la UNAM, ilustra la condición crónica y progresiva de soporte de las piezas dentales que son deterioradas por el tabaquismo.
“Fumar produce una vasoconstricción (vasos sanguíneos de la encía), es decir, de los diminutos conductos que llevan sangre a la encía, a los dientes y al soporte de los mismos. Son muy pequeños, y fumar los estrecha y los cierra, por lo que existe una ausencia de nutrientes, similar a los diabéticos. Justo en esos tejidos que requieren mucho sustento”, señala el experto en un comunicado de la universidad.
Ello, junto a la mala higiene bucal y factores genéticos provocan que, en un plazo variable, los tejidos de soporte del diente y la encía se inflamen e infecten, lo que da lugar a la llamada enfermedad periodontal (periodontitis), padecimiento del órgano de soporte y detención de las piezas en el hueso y la encía que recubre.
Síntomas
La periodontitis en fumadores, explica Portilla Robertson, inicia por un sangrado gingival (gingivitis) que se presenta durante el cepillado. “Se hace crónico y progresivo, y deriva en una bolsa periodontal (espacio entre la encía y el diente).
Ello merma el soporte y el ligamento que fija la pieza al hueso; entonces, ésta se afloja, el paciente presenta inflamación, sangrado y, con el tiempo, algunas de ellas, especialmente los molares e incisivos inferiores, se debilitan.
El hueso decrece su capacidad de regenerarse y el paciente, irremediablemente, termina con la pérdida de piezas”.
Alrededor del 80 por ciento de los fumadores en México padecen enfermedad periodontal, por lo que son candidatos a perder alguna pieza, dice el académico.
“Después, el paciente sólo puede remitirse al uso de postizos, pues los fumadores no pueden utilizar implantes, aún si la técnica es muy socorrida y permite restaurar casi al 100 por ciento las funciones”, alerta.
Más que el mejor accesorio y una muestra de vanidad, la palidez que emerge de entre las comisuras labiales es un indicativo de salud y hábitos benignos, de la que el cigarro es un enemigo.
“La nicotina produce manchas café obscuro en los dientes, muy adheribles al sarro, entonces éste se convierte en uno café y pardo. En la lengua aparece una mancha, como una sábana café, y por supuesto las paredes bucales (mejillas) también se pigmentan; sin embargo, lo más grave es el cáncer de lengua, en todos sus bordes y el piso de la boca.
El problema es que es una modalidad que no se diagnostica a tiempo, de mal pronóstico, y empeora si se combina con alcohol”, señala.
