Demoler estereotipos

Esther Cepeda

Columnista

CHICAGO — Mi tipo preferido de Ciencias Sociales es el que demuele estereotipos. ¿Saben una cosa? No todos los miembros de grupos minoritarios están empobrecidos. Lejos de ello.

Un nuevo estudio, “The Concentration of Wealth in New York City” (La concentración de la riqueza en la ciudad de Nueva York), revela “una extraordinaria y creciente concentración de riqueza [en la cima de la escala de ingresos] en la ciudad en general y entre cada uno de los principales grupos étnicos/raciales, así como en los cinco mayores subgrupos nacionales latinos.”

El Centro de Estudios Latinoamericanos, Caribeños y Latinos de la City University de New York, que condujo el estudio, agrega que el 36 por ciento de las familias hispanas cuentan con ingresos entre 60.000 y 199.999 dólares.

No está tan mal.

Oh, a los latinos no les está yendo tan bien aún como al resto en la Gran Manzana -van a la zaga de los principales grupos étnicos/raciales de la Ciudad de Nueva York, con ingresos familiares medios de 46.463 dólares comparados con los blancos no-hispanos (84.000 dólares), los asiáticos (63.210 dólares) y los negros no-hispanos (52.500 dólares). Pero aún así, es un cuadro mucho mejor que el pintado por el estereotipo dominante del latino en la miseria.

A pesar de tener mucho camino que recorrer en la ascensión de la escalera económica, el hecho es que los hispanos se están afirmando en la clase media y más allá de ella, como todos los grupos de inmigrantes anteriores a ellos.

Este hecho podría ser una sorpresa para los que piensan que los hispanos tienen bajos ingresos, una educación deficiente, pocas perspectivas en la vida y, como resultado, representan un rendimiento potencial bajo para la inversión en la sociedad.

Lo positivo es que el tiempo está de lado de los hispanos -han estado en el país suficiente tiempo como para haber establecido un recorrido fiable comparado con otras poblaciones.

Eso significa que en lugar de hacer proyecciones sobre la manera en que el grupo étnico de crecimiento más rápido está afectando el país -o peor, de basarse en las noticias criminales y en la inmigración para dar forma a la percepción de quiénes son en realidad los latinos- más y más datos están contando su historia.

Lo mismo está sucediendo con los afroamericanos y los asiáticos -datos mejores y más numerosos están impidiendo que se caiga en caracterizaciones simplistas de ellos.

En forma separada, los que han prestado atención a un número de estudios sobre logros académicos y económicos, no necesitaron que los autores Amy Chua, La “Madre Tigresa”, y Jed Rubenfeld, les dijeran que “ciertos grupos étnicos, religiosos y originarios de ciertos países están desempeñándose notablemente mejor que los estadounidenses en su conjunto.”

Tal y como estos autores recalcaron en un ensayo del New York Times -”What Drives Success?” (¿Qué impulsa el éxito?)- hay muchas minorías que se están desempeñando mejor de lo que reconocemos. “Los indio-americanos ganan casi el doble de la cifra nacional (alrededor de 90.000 dólares al año en ingresos familiares medios contra 50.000 dólares). Los iraní-, libanés- y chino-americanos son los que más ingresos tienen,” escribieron.

Demasiado a menudo, el status quo se altera cada vez que se lo desafía y una manera muy eficaz de socavar el éxito es gritar “racismo”. Chua ya se convirtió en blanco de una cascada de críticas basadas en la raza por su ensayo.

Siempre existirá el riesgo, pero cada vez está más atenuado por lo que conocemos como progreso: A pesar de altas necesidades y escasos recursos, el progreso sigue su curso. Y cuanto más aprendemos sobre cómo se realiza ese progreso, más probabilidades tendremos de ayudar a que los demás lo logren.