Deshielo entre Cuba y EEUU trae un aire renovado a cubanos

Por ANDREA RODRIGUEZ,

Associated Press

LA HABANA (AP) — La bandera de Estados Unidos volvió a ondear en una Embajada en La Habana y ahora miles de visitantes extranjeros visitan la isla. Incluso, algunos lo hicieron reservando su estadía en sitios de internet como Airbnb.

Pero, al mismo tiempo, la cantidad de cubanos que buscan emigrar a Estados Unidos aumentó e inundaron a varios países de Centroamérica, en lo que podría convertirse en el mayor éxodo desde la crisis de Mariel de 1980.

Desde que los presidentes Raúl Castro y Barack Obama anunciaron un acercamiento entre dos históricos enemigos de la Guerra Fría, Cuba se ha transformado. Un país que parecía atrapado en el tiempo ahora enfrenta un futuro incierto y profundos cambios.“Objetivamente hubo un cambio muy grande”, dijo a The Associated Press el politólogo Rafael Hernández, director de la revista Temas, una publicación de interés para intelectuales y académicos de la isla. “Estados Unidos cambió lo que hasta ahora era una política equivalente a la guerra por otros medios, a una donde el enfrentamiento y la diferencia se están conduciendo por la vía del diálogo”. Para los cubanos que tienen dinero, propiedades o conexiones, el optimismo es palpable, al igual que las expectativas de alcanzar una mayor prosperidad y ser titulares de nuevas libertades. Los cubanos que tienen empresas se han visto motivados por la perspectiva de tener mejores relaciones con Estados Unidos. Hoteles, alojamientos, desayunos privados y restaurantes elegantes ahora están repletos, sin contar con los que se espera que se abran el próximo año. En otros casos, como los ancianos o funcionarios que dedicaron sus vidas a la revolución, se observa un sentimiento de preocupación y se preguntan cuál será el rumbo que tomará la isla y su modelo económico, cuya reforma había comenzado Raúl Castro desde 2010, ahora que el país está más conectado al mundo exterior. Pero un efecto del que pocos hablan es la ruptura de los esquemas mentales que muchos cubanos describen como “un aire renovado”, y el de no sentirse más en un “país sitiado”. “Evidentemente es un respiro saber que se van limando esas asperezas entre los pueblos y los gobiernos que puedan abrir camino en un futuro de fraternidad y ayuda mutua”, aseguró a la AP Fernando Funes, un agricultor ecologista con una finca de ocho hectáreas y que, al calor de las reformas del gobierno de Raúl Castro, comenzó a tener un inusitado éxito abasteciendo de manera directa, y sin intervención estatal, a paladares o restaurantes privados de primera línea de La Habana. Funes se entusiasmó pensando en la tecnología y las oportunidades que el mercado estadounidense le puede traer a su sector: maquinaria, insumos, nuevos paneles solares y un intercambio más fluido con sus colegas del vecino país.