Desmintiendo mitos

Claudia Flower, Abogada

Especial para La Raza del Noroeste

Las leyes de inmigración de este país constituyen un verdadero laberinto; pues las trampas más peligrosas son reservadas para los más desprotegidos.

A principio de los años noventa muchas personas fueron interceptadas por el Servicio de Inmigración cruzando la frontera ilegalmente.

En aquel entonces el Servicio de Inmigración no disponía de centros de detención y solía soltar inmediatamente al indocumentado, dándole dos hojas de apariencia inocua.

Muchos pensaban que se trataba de un permiso para entrar y quedarse en los EEUU.

Sin embargo, no era ningún permiso, sino un Aviso de Comparecencia en la corte de Inmigración del Distrito donde la persona fue interceptada.Muchos ni entendieron que de eso se trataba.

Al no presentarse a la Corte, el Juez de Inmigración emitía una orden de deportación en contra de la persona, sin importar la razón de su ausencia.

Por falta de recursos económicos, por muchos años, el Servicio de Inmigración simplemente archivaba estos casos sin efectuar o tratar de efectuar la orden de deportación.

En otras palabras, dejaba que el indocumentado se quedara aquí aun con una orden de deportación.

El Servicio de Inmigración reservaba sus pocos recursos a la detención y deportación de extranjeros condenados de delitos o que constituían un peligro público.

Fue así que muchos hermanos indocumentados se establecieron aquí y construyeron sus vidas aquí: muchas veces hasta pudieron conseguir un permiso de trabajo todos estos años, aun con una orden de deportación.

Todo esto cambio después del 11 de septiembre del 2001. En nombre de la seguridad nacional, un nuevo ministerio fue creado, el Departamento de Seguridad Interna. Se multiplicaron los centros de detención de inmigración en todo el pais. Se empezó entonces una campana contra los llamados “fugitivos”.

Sin embargo, la mayoría de estos “fugitivos” no lo eran y no son ni fugitivos ni prófugos de la justicia, sino indocumentados quienes, a pesar de su orden de deportación emitida al momento mismo que cruzaban la frontera, se establecieron aquí en nuestro país, compraron casas y carros, criaron a sus hijos.

Muchas veces, ni sabían que estaban sujetos a una orden de deportación.

2 grandes mitos

1. Las ordenes de deportación no se cancela con el tiempo, no prescriben.

Al contrario, con las nuevas tecnologías al día de hoy una orden de deportación puede ser averiguada en segundos con un chequeo de las bases de datos de Inmigración.

Hay muchos que después de vivir años aquí, piensan no tener deportación o que la orden de deportación ya se borro después de un tiempo.

En verdad, si alguien sospecha haber tenido una deportación en cualquier momento de su vida, no debería aplicar por ningún beneficio migratorio antes de reabrir su viejo caso de deportación.

De lo contrario, al aplicar por cualquier permiso o residencia la Agencia de Inmigración podría darse cuenta de la dirección de la persona y podría ir a buscarla.

2. Los que tienen orden de deportación desde hace mucho

tiempo son “prófugos” de la justicia.

Como se explicó anteriormente, muchas veces son hermanos y hermanas que ni saben que sobre ellos pesa una deportación o piensan que la deportación se borro por si misma. No huyen porque ni saben que tienen que huir.

Una vez desmentidos estos mitos, la solución de estas realidades opuestas estaría en ofrecerles una ventanilla de oportunidad a todos los que tienen una vieja orden de deportación para reabrir su caso y conseguir una integración legal en la comunidad donde ya viven desde hace años.

Ojalá esto sea un punto de una futura política migratoria.