Disparar al “mensajero”

Esther Cepeda

Columnista

La última vez que me fijé, el video de Tommy Jordan, “Padres y Facebook: Para el adolescente conflictuado”, donde dispara al laptop de su hija, había sido visto 25.505.340 veces en YouTube.

Jordan se había enfrentado, anteriormente, con su hija de 15 años sobre cuál es la conducta apropiada en las redes de medios sociales. Más tarde, tras gastar más de 100 dólares y varias horas de su tiempo mejorando el servicio de la computadora de su hija, se encontró con una carta de quejas que ella escribió y colocó en su pizarra de Facebook, que lo sacó de sus casillas.

Al día siguiente filmó su video. Muestra a un hombre frustrado y tan decepcionado por la diatriba digital plagada de palabrotas de su hija –sobre los perennes temas adolescentes de las tareas de la casa, los deberes de la escuela y, en general, la injusticia de los padres– que piensa que el mejor curso de acción es castigarla públicamente, disparando un cargador entero de balas con punta de explosión sobre la computadora y presentando el video en línea.

Algunos comentarios presentados en el mensaje inicial y en el video de YouTube lo han aclamado como a un héroe folklórico que ejerce su paternal “amor severo”; y otros, lo han denunciado como a un villano despistado, cuya acción equivalió a haber disparado el diario de la muchacha.

No es ser un buen padre avergonzar públicamente a un hijo ni recurrir a una violencia simbólica con una pistola calibre 45 real, a fin de dejar sentado un parecer –los Servicios de Protección del Menor visitaron a la familia para constatar la seguridad de Hannah– pero el video es un testamento de la ansiedad de toda una generación de padres. Crecieron en un mundo tan ajeno al mundo actual de sus hijos que no están en absoluto preparados para encarar las nociones de trabajo y recreación de ellos.

Supongamos que Jordan tenía 15 años en los años 80. En aquel entonces, se esperaba que los niños trabajaran –o bien hacían tareas en la casa o, comenzando en la adolescencia, obtenían un trabajo para ayudar a la familia, ahorraban, o ayudaban a pagar la universidad, si pensaban asistir a ella.

Desde esa época, la sociedad ha cambiado y muchas familias de clase media y clase media alta tratan a sus hijos como si fueran un proyecto para entrar en la universidad de 18 años, que comienza en la infancia. Las numerosas actividades extracurriculares diseñadas para enriquecer al niño y para lucir bien en la solicitud de ingreso a la universidad, además de las tareas escolares, no dejan demasiado espacio para un trabajo de baja remuneración, que no podría ni comenzar a aliviar el creciente coste de la universidad.

En el curso de la historia, siempre ha habido distracciones, pero nada se puede comparar con el espectáculo de entretenimientos que ahora lo esperan a uno 24 horas al día. Las llamadas telefónicas y los mensajes de texto impiden que la gente duerma por la noche y en los teléfonos inteligentes, las tabletas electrónicas, los sistemas de juegos en la casa y las computadoras personales pueden verse y oírse videos y audios ilimitados. Por medio de estas innovaciones se vive la vida, en gran medida, en la privacidad fingida de las redes sociales públicas, algunas de las cuales están específicamente diseñadas para ventilar tristezas y quejas.

No es de sorprender que para los actuales adultos de 40 y más años transitar por este mundo nuevo con sus familias sea tan difícil que sientan que la destrucción de los aparatos electrónicos sea una forma productiva de encarar sus retos.

Eso pasará.

Los padres de la edad de Jordan y mayores que él avanzarán a regañadientes, expresando sus frustraciones de la mejor forma posible, pero pronto serán reemplazados por nuevas olas de padres que se habrán criado en la edad digital.

Para el momento en que los que nacieron con la Red se hayan convertido en padres, estarán criando hijos cuyos hábitos sociales y electrónicos serán iguales a los propios –para mejor o para peor– en una sociedad llena de consejos sólidos y bien investigados sobre cómo ser padres en un mundo de medios sociales. n