Dos asesinos distintos

LR

Tristemente, las páginas de nuestro periódico esta semana, llevan más que de costumbre, noticias de muerte,

El noroeste apenas se recuperaba del crimen de un policía de Seattle, la noche de Halloween, cuando tuvo que conocer, el fin de semana, la muerte de cuatro policías más.

Fue una ejecución: el asesino entró y disparó a sangre fría contra seres humanos prácticamente indefensos en ese momento, que estaban sentados en una cafetería.

Es un crimen de odio y de locura, de los que obligan a la gente a veces, a tomar partido, a favor o en contra de la comunidad.

Si bien es cierto que las relaciones con la policía a veces no son fáciles, que existen tendencia al miedo contra su persecución, y que existen antecedentes de desconfianza, por la historia de los países de donde vinimos, este es sin duda un crimen atroz.

Un crimen que nos obliga moralmente a definirnos, y si es que creemos en el bien que hace la policía a la sociedad, como nosotros creemos, entonces nos obliga a respaldarlos en este momento.

Una sonrisa basta, para que un policía sepa que su comunidad lo apoya.

Pero hubo otro crimen esta semana, casi que otra masacre, que duele tanto o más.

Un hombre ebrio arroyó prácticamente el auto de dos parejas de amigos, matando a cuatro personas en Marysville, la historia está en nuestra página sexta.

Durante su confesión el hombre aceptó subirse al volante después de beber ocho cervezas.

Y ahora lleva el peso de cuatro muertes en su consciencia

¿Vale la pena la carcel, y cargar esa culpa, por la bebida?

El noroeste vió esta semana dos asesinatos muy distintos, ojalá el segundo caso, que involucra la costumbre de beber y conducir, le deje algo que pensar a quienes manejan bebidos.

En su mayoría pueden ser gente buena, que se arriesgan a convertirse en asesinos, por el licor.