EEUU: Familias migrantes separadas muestran grandes traumas

Por JULIE WATSON y MORGAN LEE,

Associated Press

SAN DIEGO (AP) — Un niño de seis años llora en la parada del autobús de su escuela en un suburbio de Maryland y le pide a su madre que le prometa que no va a desaparecer de nuevo. Un pequeño hondureño se despierta gritando de noche y busca a la trabajadora social que cuidó de él varios meses. Otros menores se agachan o esconden sus rostros cuando ven a un agente uniformado.

Las familias que fueron separadas en la frontera entre Estados Unidos y México por el gobierno de Donald Trump y luego se reunieron muestran profundos traumas y quieren que el gobierno pague sus tratamientos psicológicos.

Pequeños otrora alegres se muestran ahora nerviosos, desobedientes, irritables y temerosos de la escuela, según los padres. Sufren pesadillas constantes. Lloran por cualquier cosa, incluso los adolescentes.

“Está en primer grado. Yo duermo con él. No puedo dormir lejos de mi hijo, ni él de mí”, dijo Iris Eufragio en una entrevista telefónica con The Associated Press desde Rosedale, Maryland, donde ella y su hijo de seis años Ederson viven con amigos mientras se procesa su solicitud de asilo. Señala que se fue de Honduras huyéndole a la violencia.

El gobierno los separó en la frontera en junio. Se reencontraron por orden judicial después de que el niño pasase un mes en un centro de detención de Phoenix.

Al menor le cuesta salir adelante. Disfrutaba mucho el jardín de infantes al que iba en Honduras, pero ahora las maestras tienen que esforzarse para asegurarse de que no se vaya en busca de su madre.

“Sólo mirar un carro de policía y él tiene miedo”, dijo Eufragio y pregunta todo el tiempo si lo van a llevar de nuevo al centro de detención.

El gobierno de Trump declinó hacer comentarios.

Numerosos profesionales de la salud ofrecieron intervenir.

Si se ignora el trauma, las cosas empeorarán. “Hemos cambiado el rumbo de la vida de un menor”, expresó la psicóloga infantil Barbara van Dahlen, fundadora de Give an Hour, cuya red de 7.000 profesionales del campo de la salud mental está dispuesta a asesorar a las familias que se encuentran en Estados Unidos.

A miles de kilómetros en Honduras, el bebé Johan emite casi todas las noches gritos desgarradores. Se calma cuando su madre menciona a Emily, la trabajadora social que lo atendió mientras estuvo bajo custodia del gobierno estadounidense. A veces le muestra videos que la trabajadora les envió para que no se sienta abandonado por ella.

Johan _quien se hizo famoso mundialmente cuando apareció frente a un juez en pañales_ pasó un tercio de su vida en un refugio gubernamental de Arizona tras ser separado de su padre en la frontera en mayo.

Al reencontrarse en julio, al principio Johan no pareció reconocer a sus padres. Se niega a jugar con sus juguetes, a beber de su botella o a comer, ni siquiera cosas que le encantaban, como los bananos.

No puede dormir con las luces apagadas. No sabe si abrazar fuertemente a su madre, pegarle o aislarse.

Isaí Valenzuela Segura, guatemalteco de 29 años que se reencontró con su hijo de nueve años el 26 de julio, quisiera poder hacer más para ayudar a su niño. Le gustaría poder contratar a un terapeuta. Sale adelante apoyándose en su fe y le lee la Biblia a su hijo.

“Pensé que cuando nos viésemos estaría feliz, pero me preguntó por qué lo había dejado. Me dijo, ‘me dejaste solo 41 días. No tienes idea de lo que sufrí’”, relató Valenzuela, quien vive con su hijo en Tennessee mientras se procesa su pedido de asilo. Se vino escapándole a la violencia en Guatemala.

“Con la ayuda de Dios, lo superaremos”, manifestó.