Relfexiones
La Raza del Noroeste
En mi casa, el machismo era lo mismo que el demonio.
De padres divorciados, yo viví la mayoría de mi niñez rodeado de mujeres y sólo pasaba el fin de semana con mi papá. Del lado maternal, me enseñaban como debería de respetar a las mujeres y como debería de evitar esa actitud machista que tanto aparecía en la cultura mexicana.
Por un momento pensé que ser hombre era ser malo. Y por eso creo que me tardé en tener mi primera novia y ser muy tímido alrededor de las mujeres.
Pero del lado de mi papá aprendí que se puede ser un poco dominante sin llegar a ser machista. Todo es cuestión de balance.
Por eso, a mi me hacen de comer, me lavan la ropa y hasta me miman.
Pero también hago lo mio. Yo lavo los platos, hago desayuno los fines de semana y cuando mi vieja dice que vamos a salir, pues vamos a salir.
En nuestra nota de página 6, se habla de como el machismo puede ser una causa de violencia doméstica y como se puede confundir con romanticismo. Se cree que el hombre debe de controlar a la mujer y eso es forma de amor.
Consejo quiere cambiar esa imagen en los jóvenes hispanos.
Primero, se debe de recordar que el machismo no es sólo cosa de México. El machismo está en todos lados, incluso en Estados Unidos.
Si se debe de cambiar la imagen del hombre mexicano e hispano, que sea para una imagen buena y que nos dé orgullo.
Que sea una imagen de un hombre fuerte, cariñoso y que su mejor arma para intimidar sea una mirada y una palabra que demuestre seguridad en si mismo.
Porque uno como hombre puede ser fuerte, cortés y hasta un poco mandilón.
A veces, una mujer necesita a un hombre que la cuide y la valore. Pero a veces que la sorprenda, ya sea con boletos a un evento, flores o algo más.
Pero nunca necesita a un hombre que la trate mal y la haga sentir menos.
El machismo nunca será romántico.
