El mito de los inmigrantes y la criminalidad

Extranjero están involucrados en delincuencia menos que aquellos nacidos en Estados Unidos.

Por Esther Cepeda,

The Washigton Post

Dependiendo del clima en el país, los inmigrantes son o bien bienvenidos al crisol de razas que siempre necesita juventud, o considerados un flagelo para el país, que contribuye a la violencia, la criminalidad y las enfermedades. Pero investigaciones que se remontan por lo menos a un siglo atrás, muestran inequívocamente que los nacidos en el extranjero están involucrados en la delincuencia a tasas significativamente menores que sus pares nacidos en Estados Unidos.

“No siempre expresamos estos niveles fuertes de aprehensión o ansiedad hacia los inmigrantes. Más bien, esos sentimientos se cargan cuando la población inmigrante crece,” expresa Bianca E. Bersani, profesora asociada de Sociología en la Universidad de Massachusetts y principal autora de un nuevo ensayo que investiga el vínculo entre la inmigración y la delincuencia. “Hay un flujo y reflujo que coincide con el aumento o la disminución de los niveles de inmigración a los Estados Unidos.” Alex R. Piquero, criminalista en la Universidad de Texas en Dallas, y co-autor del estudio agregó: “Los inmigrantes simplemente no cometen delitos a las tasas en que la gente piensa que lo hacen. La ansiedad surge, en gran parte, porque los inmigrantes, para los nativos, ‘no [son] como nosotros’. Traen culturas, religiones, lenguas y [características] demográficas diferentes a lo que estamos acostumbrados, y eso nos asusta y contribuye a la opinión general, ausente en datos empíricos, de que los inmigrantes traen problemas y se llevan puestos de trabajo. Eso simplemente no es coherente con los datos, especialmente cuando se trata de delincuencia.” El análisis de datos de Bersani y Piquero reforzó las conclusiones de investigaciones anteriores que mostraban que los nacidos en el exterior no presentan una amenaza en cuanto a criminalidad. Pero los investigadores dieron un paso más y respondieron la pregunta: “¿Cómo sabemos que los encuestados no mintieron sobre su interacción con las fuerzas del orden?” Las distorsiones son un problema en todas las investigaciones en que los mismos individuos dan información que podría colocarlos bajo una luz negativa. Y en el caso de los inmigrantes—tanto legales como no-autorizados—es bien sabido que a veces no se fían, ni comprenden, el sistema de justicia penal. Pero cuando Bersani y Piquero se dispusieron a estudiar si los niveles bajos de criminalidad de los inmigrantes (comparados con estadounidenses nacidos en primera y subsiguientes generaciones) podían estar influidos por diferentes maneras de reportar los delitos entre esas generaciones, hallaron que los inmigrantes no tienen una mayor tendencia a no reportar delitos. Su análisis de datos, que incluyó tanto reportes de delitos por parte de los propios encuestados como actas oficiales, halló que “no [había] pruebas de que los inmigrantes nacidos en el extranjero, primera generación, reportara menos sus antecedentes de arrestos. De hecho, cuando hay pruebas de divergencia, los inmigrantes tienden a reportar más arrestos.” Los mitos afianzados tienden a persistir y los autores ya respondieron a preguntas sobre si sus investigaciones diferencian entre inmigrantes legales y no-autorizados. Aunque quedarse después de que se venza una visa o entrar en Estados Unidos sin autorización es una infracción civil—no un delito penal—a menudo se considera a los inmigrantes ilegales como vinculados a la violencia y el delito. “En nuestro análisis no tenemos el nivel de detalle para distinguir categoría de ciudadanía en el grupo de nacidos en el extranjero,” me dijo Bersani en un mensaje electrónico. “Pero no podemos descartar que los datos no incluyan a inmigrantes ilegales, pero aquí hay que señalar dos cosas. Una, otros que han buscado diferencias en la criminalidad comparando inmigrantes legales e ilegales no hallan que los inmigrantes ilegales sean significativamente diferentes de los inmigrantes legales. Y, dos, en la práctica, las líneas entre legales e ilegales a menudo se borran, y otras investigaciones establecieron que en la mente de muchas personas la categoría de inmigrante, independientemente de la legalidad, es considerada ‘intrínsecamente delincuente.’”