Jorge Ramos
Columnista
PHOENIX–Para muchos inmigrantes a este país, Joe Arpaio es simplemente el sheriff más odiado de Estados Unidos.
Desde 1992, Arpaio ha sido elegido para cinco periodos consecutivos como sheriff del Condado de Maricopa, que incluye el área metropolitana de Phoenix. Se ha dado a conocer por vestir con ropa interior color de rosa a sus prisioneros y alojarlos en unas carpas sin aire acondicionado cuando la temperatura asciende bastante más que los 100 grados. Y es notorio su afán implacable por detener a inmigrantes indocumentados.
Uno podría pensar que la decisión reciente en el tribunal federal de Arizona, que suspendió temporalmente parte de la controversial nueva ley estatal, impediría al sheriff Arpaio y a sus agentes detener, interrogar y arrestar a indocumentados. Pero en una entrevista reciente Arpaio dejó en claro que no tiene intención de cambiar su forma de actuar.
“No he cambiado nada”, me dijo. “Seguimos haciendo nuestro trabajo”. De hecho, dijo, la noche anterior la policía había detenido a docenas de personas, incluyendo a tres inmigrantes indocumentados.
Organizaciones latinas y de derechos humanos opuestas a los métodos de Arpaio lo han acusado de detener a personas sólo porque parecen hispanas y hablan inglés con acento. Pero Arpaio lo niega. “Yo aplico la ley a todos por igual”, me dijo.“Yo encierro a todos, no sólo a latinos”.
’’¿Usted no ordena a sus agentes detener a la gente que parece Latina?’’, le pregunté.
“Nunca hacemos eso. Eso sería utilizar perfiles raciales, No hacemos eso … De hecho, el Departamento de Justicia nos ha estado investigando desde un año y medio para ver si utilizamos perfiles raciales, en otra demanda. ¿Cuál es el problema? Aquí seguimos.”
Alessandra Soler, directora ejecutiva en Arizona de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), me dijo que los latinos en Arizona tienen mayores probabilidades que los blancos de ser detenidos por la policía. Arpaio no está de acuerdo, y desafía a la ACLU: “Desde luego que están equivocados. ¿Tú crees que yo les hago caso? A ellos les gusta demandar a todo el mundo. No me importa lo que ellos digan.”
“Bueno, dígame ¿cómo se ve un inmigrante indocumentado?” le pregunté. Hizo una pausa, me vio a los ojos y contestó.
“No sé. Se ven como gente normal.”
Los críticos de Arpaio aseguran que debería emplear su tiempo y recursos para perseguir a verdaderos criminales – narcotraficantes, asesinos, violadores, ladrones – y no a personas cuyo único interés es encontrar trabajo.
“En el momento en que ellos cruzaron nuestra frontera, violaron nuestras leyes. ¿Cómo le llamas a eso?” me dijo. “Son criminales. Eso es lo que dice la ley”. La familia de Arpaio inmigró a este país desde Europa – “legalmente,” se apresura a señalar.
Si Arpaio estuviera encargado de la política nacional migratoria ¿trataría de deportar a los más o menos 11 millones de indocumentados que están en Estados Unidos hoy día? “Haría lo mismo que estamos haciendo aquí (en Arizona). Aplicar la ley”, dijo. “Si te encuentras con gente que está aquí ilegalmente, actúas. Así de simple.”
Antes de finalizar la entrevista, Arpaio expresó “compasión” por los inmigrantes. Pero añadió que, antes que nada, está su obligación de hacer cumplir la ley.
“Me llaman Hitler y muchas otras cosas, todos los días, frente a mis oficinas”, dijo. ‘’¿Eso va a evitar que yo haga mi trabajo? No. No soy un racista.’’
