En un infierno peruano

Maria Elena Salinas

Columnista

Joran Van der Sloot no sabía con quién se estaba metiendo cuando decidió descargar su ira hacia la joven que según él se había entrometido en su vida privada. Si Stephany Flores de 21 años, a quien supuestamente conoció en un casino de Lima, Perú, hubiese sido una ciudadana anónima antes de llevarla a su habitación de hotel, su asesinato quizás hubiese quedado sin resolver, como tantos otros en ese país.

Pero resulta que la chica era hija de Ricardo Flores, un prominente hombre de negocios en el campo del entretenimiento, ex corredor de autos y ex candidato presidencial y vicepresidencial. Cuando su cuerpo fue encontrado y Van der Sloot identificado en el video de vigilancia del hotel, su familia jugó un papel clave en conseguir la ayuda de la Policía Internacional, Interpol, para hallarlo.

Según informes publicados, el holandés de 22 años admitió que él y Stephany Flores tuvieron un altercado cuando él se dio cuenta al regresar a su habitación después de comprar un café en un lugar cercano, que ella había entrado a su computadora portátil y había indagado sobre sus antecedentes.

Fue una movida inteligente, luego de la no tan inteligente idea de irse a la habitación de un hotel con un extranjero desconocido. Pero era demasiado tarde para rectificar el error. El individuo con quien echaba una cana al aire resultó ser la misma persona que cinco años antes había pasado la noche con Natalee Holloway en Aruba. Ella desapareció y se presume que está muerta, su cuerpo nunca ha sido hallado. Van der Sloot sigue siendo el sospechoso principal de su desaparición.

En Aruba mucha gente cree que se salio con la suya en parte a leyes débiles de ese pais, y por la influencia que pudo haber ejercido su propio padre que era juez. (El Juez Paulus Van der Sloot fallecio a principios de este año.)

El sistema de justicia peruano no es necesariamente muy fuerte. No hay pena de muerte a excepción de casos extremos como genocidio o crímenes cometidos en tiempos de guerra. Y no existe cadena perpetua. Los detalles del caso aún están por determinarse, pero Van der Sloot podría enfrentar entre 15 y 35 años tras las rejas, o quizá menos puesto que él confesó. De cualquier manera, el tiempo que pase en la cárcel, puede esperar vivir en un infierno peruano.

Una posibilidad podría ser la prisión Miguel Castro Castro o la San Juan de Lurigancho, una cárcel de máxima seguridad consideraba una de las más peligrosas del mundo. Un informe del departamento de estado norteamericano del año 2009 denuncia las duras condiciones en las 71 prisiones activas de Perú. Entre ellas, sobrepoblacion, problemas de sanidad y nutrición y atención sanitaria inadecuada. Los casos de tuberculosis y de sida han llegado, según el informe, casi a niveles de epidemia. Los internos tienen acceso al agua corriente esporadicamente, los baños son inadecuados y los presos duermen a menudo en los vestíbulos y las áreas comunes a falta de espacio.

¿Podría ser peor? Quizá, el holandés podría enfrentarse a la maldición de los chamanes peruanos que celebraron un “ritual espiritual de castigo,” en las afueras de la oficina de la fiscalía. O podría hacer frente a las turbas enfurecidas que varias veces han tomado ley en sus propias manos y han linchado a sospechosos de cometer crímenes aun menores que de haber asesinado a una joven peruana.

En estos momentos Van der Sloot debe estar pensando que, aunque no fuera culpable, quizás le hubiese convenido más haber confesado el asesinato de Natalee Holloway que el de Stephany Flores.