¿Escuchas tus emociones?

Ramón Clériga’

Agencia Reforma

Los seres humanos, frecuentemente, nos encontramos entre personas para las que las emociones son una debilidad más que un potencial.

En la civilización occidental, gran parte del pensamiento de los últimos siglos ha insistido en el uso de la razón, obviando las emociones y más aún considerándolas como una debilidad.

Culturalmente existe una fuerte tendencia a guiarnos racionalmente, bajo el “pienso, luego existo”, restando importancia a la emoción y su expresión.

Esta actitud hacia los sentimientos crea una minusvalía emocional que socava el sentido común e identidad de las personas y trae consecuencias devastadoras para el ser humano, ya que las emociones son una parte fundamental en nuestra personalidad, innata, inseparable de la naturaleza humana y cuando las guardamos, nos suprimimos a nosotros mismos y nos privamos de una vida auténtica.

¿PENSAR O SENTIR?

Nuestro sistema educativo enfatiza lo intelectual y muy poco el aprecio por lo emocional, por lo que las personas muchas veces se convierten en individuos intelectualmente educados, pero emocionalmente analfabetas.

Así, es común escuchar expresiones como: “si te ven triste o llorando van a pensar que eres débil”, “deja el enojo, van a pensar que eres un amargado”, “no te rías tan fuerte, te ves vulgar”, “contrólate, los hombres no lloran”, entre muchas otras.

Hay emociones como el miedo, la tristeza o las ganas de agredir que, en algunos medios, no son socialmente aceptadas, por ello, tratamos de disfrazarlas de modo que tendemos a acomodar nuestra expresión emocional a lo socialmente aceptado.

Parte del manejo emocional tiene que ver con estereotipos como: el hombre piensa, la mujer siente; los hombres no lloran; la tristeza es mala; el miedo es de cobardes; el coraje hace daño.

Pero nos engañamos al pretender meter las emociones en un molde y etiquetarlas como buenas o malas; las emociones son expresiones naturales de nosotros mismos, que expresan una realidad interna, una necesidad; son elementos constantes de nuestra vida, no son opcionales, no se pueden simplemente desconectar, la emoción es energía que expresa necesidades.

Las emociones nos informan de nuestras necesidades y en la expresión de nuestros sentimientos tomamos contacto con nuestras hambres; pero cuando evitamos sentir, cuando dejamos de escuchar su voz-, dejamos de entrar en contacto con nuestras necesidades y nos alejamos de su satisfacción.

Las emociones representan una importantísima fuente de información y evaluación que nos habla de nuestra realidad con su carga afectiva. Así, cada emoción cumple una destino y todas tienen un porqué en nuestra existencia.

Las emociones nos brindan la dirección que requerimos para actuar en cada situación, las emociones nos dan una referencia de lo que nos sucede en un momento y la energía adecuada para actuar en cada situación, pero…

¿QUÉ SON?

Las emociones son un conjunto de señales que nos dan información de lo que necesitamos en un momento determinado y es fundamental para orientar nuestras acciones. Todas las emociones son signos que nos ayudan a prepararnos para responder a diferentes situaciones.

Las emociones no simplemente nos ocurren, emergen de nuestro interior con un fin y comunican algo. Es la voz de las emociones la que nos incita a escuchar o desatender, detenernos o avanzar, recordar u olvidar, cambiar o permanecer, simpatizar o antagonizar, producir o decaer.

Por ello, cuando las emociones hablan, todo nuestro ser, -cuerpo y mente-, responde al lenguaje de las emociones, las vive; de allí que las emociones vienen acompañadas de cambios y reacciones en el ámbito corporal , en el rostro, el tono de voz, la postura del cuerpo, el brillo de los ojos, los gestos, y en el ámbito psicológico, la vivencia emocional, como la falta de concentración, la irritabilidad, la excitabilidad.

¿CÓMO TRADUCIRLAS?

El meollo del manejo emocional radica en saber cómo descifrar acertadamente el lenguaje de las emociones que emergen desde nuestra realidad interna, lo cual requiere del asomarse a nuestro mundo interior, el de las emociones y recuerdos que experimentamos, de aprender a reconocerlas y, sobre todo, aceptarlas.

Puede que en ocasiones la voz de nuestras emociones nos aturda, nos abrume, nos parezca desagradable o nos resulte amenazante y tal vez, la primera reacción sea huir de ellas o esconderlas.

Sin embargo, necesitamos escuchar sus mensajes y atenderlos, acostumbrarnos a vivenciarlas sin juzgarlas, buscando el mensaje que intentan comunicarnos, aprender de lo que nos dicen, pues, detrás de su voz, siempre hay un mensaje que oculta una realidad interna, un flujo de energía que busca expresar una necesidad, un potencial de vida.

Mientras mayor habilidad en escuchar nuestras emociones desarrollemos, mayor será nuestra capacidad de expresarlas sin que nos agobien ni hagan daño.

¿Qué delatan?

Cada emoción tiene su propio mensaje e intensidad:

El dolor nos dice que ha aparecido una herida

El miedo nos comunica nuestra necesidad de seguridad

El placer indica que una de nuestras necesidades está satisfecha

La tristeza nos susurra del valor de lo perdido La frustración expresa que tenemos necesidades no atendidas u objetivos no alcanzados

La impotencia nos habla de la falta de algún cambio

La rabia nos informa que algo o alguien nos provoca enfado

La confusión nos expresa que estamos procesando información contradictoria

*El autor es psiquiatra y psicoanalista.*