Esther Cepeda
Columnista
CHICAGO – La investigación de los patrones migratorios de México y hacia México contradice todo lo que pensamos que “sabemos” –o quizás, simplemente, tememos– sobre la relación de los mexicanos con Estados Unidos.
Tendemos a creer que los mexicanos se trasladan aquí para obtener puestos de trabajo y que se quedan permanentemente. Que los que volvieron a su país, en los últimos años, lo hicieron porque los deportaron –y que esos enérgicos encuentros con los organismos de seguridad de Estados Unidos han tenido el efecto de crear una generación de mexicanos antiamericanos. Además, que los mexicanos no respetan las leyes de nuestro país ni nuestra cultura de ceñirnos a ellas.
Nunca pudimos refutar esas teorías, hasta ahora.
En un estudio iniciado a mediados de 2013, la organización bi-nacional Mexicans and Americans Thinking Together (MATT, por sus siglas en inglés) revela que el cuadro es muy diferente. Y la relación que los migrantes mexicanos tienen con Estados Unidos presenta grandes oportunidades de cooperación exitosa entre ambos países, en nuestro futuro compartido. En sus conclusiones –“El ciclo EE.UU.-México: El fin de una era”– MATT señala que 1,4 millones de mexicanos volvieron a México entre 2005 y 2010, y que la migración de México a Estados Unidos cayó a un cero neto, sin que nadie tenga una explicación de ese fenómeno.
MATT halló que la mayoría de los migrantes de México eran parte de un sistema migratorio circular, y nunca tuvieron la intención de quedarse permanentemente en Estados Unidos. Fue, en muchos casos, el control más estricto de la frontera y el incremento de vigilancia en las comunidades migrantes lo que causó que el patrón de re-migración se detuviera, y que las familias se quedaran de este lado de la frontera y echaran raíces.
Aún así, de los migrantes que volvieron a México, el 89 por ciento escogió hacerlo por su propia cuenta. Las principales razones de su retorno no giraron en torno al miedo, sino al deseo de juntarse son sus familias, a la nostalgia por su amado México Lindo, y al no poder hallar trabajo en Estados Unidos.
Sólo un escaso 1,7 por ciento de encuestados que dijo que su retorno fue influido por la retórica anti-inmigrante.
Y cuando los inmigrantes que se vuelven llegan a México, una mayoría de ellos indicó que pudieron encontrar trabajo con mayor facilidad y realizar más inversiones en negocios en sus comunidades, como resultado de su experiencia al norte de la frontera.
Una vez en casa, los 600 inmigrantes que se sentaron para ser entrevistados a fondo, indicaron que tenían una visión muy positiva de Estados Unidos.
Más de la mitad dijo que no volverá a Estados Unidos, pero el 30 por ciento expresó que planeaba volver –el motivo más probable es que como la mitad de ellos dejó familia en Estados Unidos.
Es notable que de los que dijeron que pensaban volver, más del 90 por ciento dejó en claro que desean volver un día legalmente.
Aunque las investigaciones de MATT se condujeron como parte de su iniciativa “Yo soy México”, que se dedica a encontrar trabajo, educación y oportunidades de inversión en México para los que vuelven, estos esclarecedores datos deben dar que pensar a aquellos de nosotros interesados en las iniciativas de reforma migratoria en todos los estados.
Para mí, las conclusiones subrayan cómo una reforma migratoria que ofrece la legalización, en lugar de un camino rápido a la ciudadanía, objeto de tanta lucha política, podría ser un acuerdo viable. Conceder a los trabajadores el derecho legal a vivir y trabajar en ambos países en diferentes momentos de sus vidas beneficiaría la economía de México y la de Estados Unidos.
