CHICAGO – Ted Cruz ganó el caucus del Partido Republicano en Iowa y a los medios se les hace agua la boca cuando el resto del campo republicano critica la rígida disciplina de Marco Rubio para no desviarse de su “mensaje”. Pero, ¿por qué no están los hispanos súper entusiasmados ante el hecho de que dos latinos se peleen por la oportunidad de ganar la nominación presidencial?
El consenso general es que los electores hispanos no reciben favorablemente a candidatos que tienen posturas duras sobre la inmigración ilegal y muchos latinos consideran a Cruz, a Rubio y al Partido Republicano directamente anti-inmigración. Quizás Cruz o Rubio tengan posibilidades con los latinos en la elección general porque, en encuestas sobre asuntos prioritarios, los hispanos no mencionan la inmigración como alta prioridad, dándole en cambio mayor importancia a los puestos de trabajo, la economía y la educación. Pero ese viraje parece poco probable por dos motivos. Primero y principal, aunque pocos electores racionales negarían posibilidades al candidato que parezca ser el más apto para llevar a cabo los deseos políticos del elector, hay muchos para quienes es difícil votar a una persona que actúe estúpidamente. Y según muchas versiones, Cruz y Rubio resultan ser candidatos irritables y desagradables para latinos que quizás no voten según las posiciones sobre inmigración, pero que sí esperan que el tema sea tratado con el respeto adecuado en una nación de inmigrantes. Hay muchas discusiones airadas en blogs y medios sociales latinos sobre si Cruz y Rubio pueden, legítimamente, considerarse hispanos, teniendo en cuenta sus posiciones sobre inmigración. Sin duda, eso es ridículo. Tal como lo expresa el demógrafo Robert Suro, en una columna de opinión del New York Times, el mes pasado, “[Cruz y Rubio] desafían lo que es ser un líder latino al promover políticas contrarias a la mayoría de los electores latinos, aunque son hijos de inmigrantes latinoamericanos. Si se los etiqueta de ‘traidores’, como lo hicieron algunos activistas, se le da una connotación política al término ‘latino’ sobre la base de una prueba definitoria, en lugar de denotar una etnia que puede reivindicar el poder de las cifras de un censo.” Además está la otra cuestión—el sutil aspecto que muchos latinos tal vez no identifiquen: Cruz y Rubio no son simplemente hispanos. Para otros latinos, son, en primer lugar, cubanos.
Los cubanos representaron sólo un 3,7 por ciento de la población hispana de Estados Unidos en 2013, según el Pew Research Center. Si agregamos a los puertorriqueños (9,5 por ciento de la población hispana) tenemos un 87 por ciento de latinos que no provienen de las dos islas que gozan de una categoría migratoria especial (los puertorriqueños son estadounidenses por nacimiento y los cubanos pueden obtener la residencia permanente una vez que hayan estado físicamente presentes en Estados Unidos por un año). Para muchos latinos no-cubanos, se trata de una categoría de elite que no puede ser superada por ninguna mitología sobre las penurias de padres que vinieron a este país sin nada excepto una sólida ética laboral.
El periodista Ed Morales plasmó esta perspectiva: “Cruz y Rubio son hijos de inmigrantes cubanos, el grupo latino al que se ha concedido más privilegios, prácticamente sin problemas en cuanto a categoría migratoria. … Se podría dudar, probablemente, de la validez de los inmigrantes cubanos como representantes de los intereses de la mayoría de los latinos.”
