Fin de semana violento

The Associated Press

El soldado que abrió fuego contra civiles en Afganistán, matando a 16 personas, podría enfrentar la pena de muerte si es hallado culpable, dijo el secretario de defensa Leon E. Panneta el lunes.

“Lo que yo entiendo es que en situaciones como estas eso podría considerarse”, dijo Panneta, con referencia a la pena de muerte.

El soldado fue retirado de Afganistán “con base en una recomendación legal”, dijo el capitán de la Armada John Kirby.

“No tenemos las instalaciones carcelarias apropiadas en Afganistán”, dijo, explicando que se refería a una instalación apropiada para un efectivo estadounidense “en este tipo de casos”.

El soldado fue llevado en un avión militar de Estados Unidos a un “confinamiento previo a juicio” en otro país, dijo un funcionario castrense norteamericano, sin precisar cual.

El funcionario, que habló bajo condición de anonimato porque no estaba autorizado a divulgar la información, no confirmó si eso significaba una base militar estadounidense o algún otro tipo de instalación.

Kirby dijo que la medida no significaba necesariamente que el juicio se efectuaría fuera de Afganistán, pero el otro funcionario militar dijo que el proceso legal continuaría en otra parte. Aún no se formulan cargos contra el soldado.

Legisladores afganos habían exigido que el soldado fuera enjuiciado públicamente en Afganistán para demostrar que se le había llevado ante la justicia, y exhortaron al presidente Hamid Karzai a suspender todas las negociaciones con Estados Unidos sobre una presencia militar a largo plazo hasta que ello ocurra.

Muchos temen que si el ejército de Estados Unidos no maneja adecuadamente el caso podría generar reacciones violentas en Afganistán que exacerben la ya elevada tensión bilateral.

La alianza entre Afganistán y el ejército de Estados Unidos ya parecía a punto de una crisis el mes pasado, cuando la quema de ejemplares del Corán en una base militar estadounidense desencadenó protestas y ataques en suelo afgano que dejaron más de 30 muertos, incluidos seis soldados norteamericanos.

Un afgano relató el lunes el horror que sufrió su familia cuando el soldado estadounidense entró a su casa a mitad de la noche buscando en las habitaciones y disparándole a su padre en el muslo cuando salía del dormitorio.

El sargento del ejército –cuyo nombre no se ha dado a conocer– está bajo custodia acusado de matar a 16 civiles, la mayoría de ellos niños y también por quemar muchos de los cadáveres.

Mohammad Zahir aseguró que vio al soldado cuando entró en su casa para recorrerla metódicamente, inspeccionando cada dormitorio.

“Escuché un disparo (en el exterior). Cuando salí de mi habitación, alguien entró a nuestra casa. Tenía su uniforme de la OTAN. No le vi el rostro porque estaba oscuro”, dijo.

Zahir, de 26 años, agregó que rápidamente se ocultó en el corral de los animales. “Después de eso, lo vi moviéndose a diferentes áreas de la casa, como si estuviera buscando algo”.

Su padre, que no estaba armado, dio un par de pasos afuera de la habitación y el soldado le disparó. “El no tenía nada en sus manos, ni siquiera una taza de té”, dijo Zahir.

“Amo a mi padre, pero estaba seguro de que si yo salía, me hubiera atacado a disparos a mí también. Por eso esperé”, dijo.

Su madre trató de meter a su padre a la habitación y lo ayudó a cubrir la herida con ropa. El hombre logró sobrevivir.

Después de que el soldado se fue, Zahir escuchó más disparos cerca de la casa y se quedó oculto un momento más para asegurarse de que el militar se había ido.

El nombre del soldado de 38 años de edad no fue revelado porque sería “inapropiado” hacerlo antes de que se presenten cargos, dijo el portavoz del Pentágono, George Little.

El tiroteo sucedió en dos poblados cerca de una base militar de Estados Unidos.

Un furioso presidente afgano Hamid Karzai lo calificó de “asesinato, la matanza intencional de civiles inocentes” que no puede ser perdonada. Demandó una explicación a Washington por las muertes, que incluyeron a nueve niños y tres mujeres.

La matanza del domingo en la provincia sureña de Kandahar ocurrió en medio de un creciente rechazo a Estados Unidos alimentado por la quema de ejemplares del Corán y por un video que supuestamente mostraba a infantes orinando sobre cadáveres de talibanes.