Gingrich, el equilibrista

Esther Cepeda

Columnista

Momentos después de la finalización del debate presidencial republicano, la incansable blogoesfera comenzó a preguntarse si Newt Gingrich estaba tratando de ganarse el voto latino con sus controvertidos comentarios sobre ser humanitarios con los 11 millones de inmigrantes ilegales de Estados Unidos.

Por supuesto que lo estaba. Gingrich quizás sea muchas cosas –un consultor que recibe alta remuneración de sorprendidos clientes, un mujeriego y un autor prolífico, aunque no de talento– pero no ignora el poder del voto hispano.

En los últimos años, Gingrich ha trabajado horas extras para erradicar las consecuencias de su tristemente famoso discurso de 2007, ante la Federación Nacional de Mujeres Republicanas, cuando dijo que el español era “el idioma de la vida del ghetto”.

A diferencia de otros republicanos que combinan su deseo de un gobierno de funciones limitadas e impuestos bajos con un ferviente desagrado por los inmigrantes ilegales, Gingrich ha tomado la dirección opuesta a la línea dura y ha construido algunas plataformas para cortejar a los latinos.

En septiembre de 2009, fundó “The Americano”, un sitio Web de noticias y opiniones dirigido hacia “la celebración de la herencia latina y el conservadurismo en Estados Unidos”. Fundado y editado por Sylvia García, antigua empleada de Gingrich en el área de comunicaciones que también supervisó su sitio Web en español, el sitio se lanzó con el propósito de “incluir a todos los americanos” que han venido a vivir a Estados Unidos”.

“Ya sea usted hispano en primera, segunda, tercera o cuarta generación –o ya sea que usted hable inglés, español o ambas lenguas”, dice la página “Sobre nosotros” del sitio Web, “nuestro contenido se centra en lo que nos une a todos, que es nuestra Herencia Hispano Estadounidense”.

No hay duda de que de Gingrich ha cortejado diligentemente a los electores latinos. Pero hacerlo y al mismo tiempo convencer a la extrema derecha del Partido Republicano de que él no es un “republicano sólo de nombre” por sus opiniones centristas en lo concerniente a la inmigración, es hacer equilibrio en una cuerda floja difícil de caminar.

Lamentablemente para Gingrich, la única opinión sobre inmigración en la que todo el mundo coincide es que la amnistía Simpson-Mazzoli de 1986 no funcionó. Y aunque la inmigración no es la principal preocupación de los latinos y otros electores, provoca las emociones más fuertes en ambos bandos. Como resultado, porque las “soluciones” migratorias de Gingrich son en gran medida razonables y moderadas, constituyen la antítesis de lo que los extremos consideran aceptable.

Cada puntal de su tratado puede ser ardientemente disputado por ambos bandos. Por ejemplo, la prioridad No. 1 de Gingrich es que la frontera esté “controlada”. Pero mientras los ultra-liberales, citando el despliegue de fuerzas sin precedentes en la frontera y el número récord de deportaciones, se burlan del que consideran que es un objetivo logrado, los ultra-conservadores se niegan a considerar todo aspecto de la reforma de la ley de inmigración si no hay un cierre hermético entre Estados Unidos y el resto del mundo.

Después del debate, su campaña diligentemente envió por tweet el enlace a su plataforma oficial de inmigración, “Diez pasos hacia una nación legal”.

Desde que ganó el respaldo de The Union Leader, el mayor periódico de New Hampshire, la portada del sitio Web de Gingrich ha presentado en forma prominente el titular “El plan de Newt para proteger la frontera primero”, lo que se ha convertido en la comidilla del día.

¿Quién puede culparlo? Adoptar un terreno propicio para el avenimiento en el tema de la inmigración es como abrir una tienda en el Valle de la Muerte. El fin de los equilibrios ya ha comenzado. Observen cómo Gingrich se caerá de la cuerda floja con una fuerte sacudida hacia la derecha.