Guatemaltecos creen que militar solucionará problemas del país

(AP) — “Mano Dura” lo llaman muchos guatemaltecos y un puño es el emblema que identifica a su partido porque quiere transmitir un mensaje de firmeza y carácter.

El general retirado Otto Pérez Molina es el candidato favorito en la elección presidencial del domingo y se perfila como el primer militar en llegar al poder desde 1986, cuando se normalizó la democracia en el país y los militares cedieron el poder.

Pérez, de 61 años, tiene más del 40% de la preferencia de los electores según las encuestas y su más cercano contrincante es el populista Manuel Baldizón que está casi 20 puntos porcentuales atrás y es postulado por el partido Libertad Democrática Renovadora (Líder).

Luis Fernando Mack, politólogo y catedrático de ciencias políticas de la Universidad de San Carlos de Guatemala, consideró que no se deben exacerbar los temores de que se imponga nuevamente un modelo de control y seguridad que no respete los derechos humanos.

Dijo que esta vez la eventual llegada de un militar al poder “será diferente, no solo porque es una elección democrática sino porque ya no es el mismo contexto del conflicto armado, ahora existen mayores controles nacionales e internacionales si se pretende violentar la ley”.

“Mano Dura” le quedó como apelativo debido a que parte de su campaña se basó en ofrecer una actitud severa y no tolerante contra la delincuencia. Después suavizó su discurso debido al rechazo que causó en algunos sectores.

El regreso al poder de un militar es para muchos suficiente garantía de que se hará cumplir la ley. Pero otros lo temen, fundamentalmente por los nefastos antecedentes en derechos humanos que se remontan a los gobiernos militares de las décadas de los 1970 y 1980.

“Con las preocupaciones por el crimen, la violencia y el crimen organizado, una figura que promete un planteamiento drástico de las leyes resulta muy atractiva. El legado del autoritarismo está todavía profundamente arraigado en Guatemala después de experimentar tantos años de dictaduras… así que valoran positivamente a quien ofrezca someter al crimen y la violencia”, expresó Cynthia Arnson, directora del programa de América Latina del Centro Internacional de Análisis Woodrow Wilson, con sede en Washington.

Pérez Molina forjó su carrera marcial como especialista en inteligencia, una de las más poderosas e influyentes dependencias del ejército. Una orden de un oficial de inteligencia, D-2 o G-2 como los llamaban, bastaba para decidir la muerte de cualquiera, sin más averiguaciones.

Sin embargo, el candidato del PP se identifica con la generación de militares que impulsó los acuerdos que pusieron fin al conflicto armado y fue uno de los representantes del ejército que firmó en diciembre de 1996 el acuerdo de paz firme y duradera con las rebeldes de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG).

“Elegir a Otto Pérez no es volver a las dictaduras militares porque será resultado de un proceso democrático, (en cambio) es más una señal de que el crimen y la violencia están desbordados, el país es controlado por el crimen organizado.

El (candidato militar) es visto como alguien que es capaz de poner la mesa en orden”, agregó la analista del Centro Wilson.

El historial del general que consta en cables diplomáticos y reportes secretos de agencias del gobierno de Estados Unidos que fueron desclasificados por la organización no gubernamental National Security Archive (NSA), muestran a Pérez Molina como parte de “La Cofradía”, una estructura paralela conformada por oficiales de inteligencia con nexos con el crimen organizado, mafias de contrabandistas y el narcotráfico.

Ninguno de los militares mencionados en los documentos ha sido sentenciado por esos lazos, pero sí existen investigaciones en las que varios han sido vinculados, aunque en ninguna figura el ahora candidato y tampoco especifica el papel que pudo haber tenido dentro de “hermandad” militar.