Naturaleza, aventura y rica comida en el centro de Mexiquillo, al oeste
de Durango
Por Analine Cedillo
Un conjunto de enormes rocas volcánicas ha hechizado por años a los viajeros de aventura: sus formas caprichosas están rodeadas por un bosque de coníferas y, en las cercanías, con suerte se observan venados, águilas y zopilotes.
Los encantos que reserva el parque natural Mexiquillo, situado a menos de una hora y media en auto al oeste de la ciudad de Durango, últimamente también se han popularizado entre los vacacionistas que viajan a la capital norteña. Desde ahí parten excursiones de ida y vuelta organizadas por compañías turísticas, entre ellas Eco Tours Tierra Norte, que proponen visitas guiadas por los senderos, el llamado Jardín de Piedras, a las cascadas y túneles del ferrocarril abandonados que también caracterizan
la zona. El paseo, disponible para grupos de cuatro personas en adelante, cuesta 950 pesos por persona, incluye traslados, guías, un box lunch y lanzarse desde las tirolesas
(hay dos líneas de 200 metros de largo cada una), explica Antonio Obregón, director administrativo de la compañía con 12 años de experiencia. En el centro se desarrollan otras actividades como ciclismo de montaña y paseos en moto.
Durante la escapada es imperdible probar gorditas de masa rellenas de guisados: asado rojo, chicharrón prensado, huevo con nopales, rajas o frijolitos con queso. Muchas
de estas delicias se preparan con ingredientes producidos localmente, como queso, carne y frijoles.
Para alojarse en Mexiquillo hay cabañas. La demanda es alta, sobre todo en fines de semana durante todo el año, ya que se trata del centro ecoturístico más visitado de Durango, de acuerdo con el experto.
El clima es más fresco que en la ciudad. Este verano por las mañanas el termómetro marca entre 13 y 15 grados centígrados, pero en las tardes la temperatura sube hasta los 30. Las lluvias también han estado presentes.
