Reflexiones
La Raza del Noroeste
Cada vez que pasamos por la calle 41 en Everett para llegar a nuestro departamento, mi esposa y yo vemos una casa donde hay muchos carros y casi cada fin de semana, hay una fiesta.
Sabemos que son hispanos, a lo mejor mexicanos, por la música y la comida asada que cocinan.
El paso solo dura segundos, pero bromeamos de como vamos a volvernos sus amigos para que nos inviten a esas carnes asadas.
Porque nada es mejor que una carne asada en compañía de la familia y amigos.
Y eso se extraña cuando uno vive lejos.
Estas son las fechas de mayor fiesta y alegría, pero para aquéllos que viven lejos de sus familias, también pueden ser las fechas de mayor depresión y tristeza.
Estar lejos, terminar un año que no fue muy optimista, la percepción de pocas oportunidades para el futuro son unas de las causas que nos ponen en depresión y en peligro de hacernos daño.
Por eso es importante encontrar ayuda. Cualquier ayuda.
Ya sea un experto en una clínica o por lo menos una mano amiga que nos ofrece un chocolate caliente y nos distrae con unas historias graciosas de su familia.
Porque una sonrisa hace milagros, y generalmente es gratis si viene de una amistad.
Y no hay que rendirnos tampoco ante la soberbia que nos dice que no necesitamos ayuda. No hay que tener pena en buscar ayuda, en especial si el problema está dentro de nosotros.
Recuerde, hasta Superman y Batman reciben ayuda de otros héroes de vez en cuando.
Porque esta época del año, hay algo más que canciones, Navidad y familia.
Es el de la esperanza.
No importa que religión tenga, el fin del año y el inicio del otro marca la etapa anual de obtener esperanza de que el año que sigue será mejor.
A eso nos tenemos que aferrar si no hay otra cosa. Hay que aferrarnos que lo peor ya ha pasado y que el 2014 será mejor.
En mi caso – y junto con mi esposa- nuestra esperanza es de que algún dí conozcamos a alguien en esa casa que nos pueda invitar a sus tardes de carne asada.
