La Guerra en Iraq

Jorge Ramos

Las últimas tropas de combate de Estados Unidos han sido retiradas de Irak y para finales de este mes 50,000 soldados estadounidenses permanecerán – los encargados de adiestrar a las fuerzas armadas iraquíes. Pero persiste la triste pregunta en la mente de muchos estadounidenses: ¿logró algo esta guerra o se libró totalmente en vano?

Nadie en Estados Unidos_ ni siquiera quienes defendieron vehementemente la guerra en sus primeros días – habla ya de “una victoria estadounidense” en Irak.

El objetivo original de este conflicto armado de siete años de duración era encontrar armas de destrucción masiva cuya existencia se sospechaba. Pero, pese a que el Presidente George W. Bush y sus más cercanos asesores nos aseguraron confiadamente que el gobierno de Saddam Hussein había obtenido y desarrollado estas armas extremadamente peligrosas, ahora parece claro que todo lo dicho acerca de las ADM fue tan sólo una excusa para invadir y ocupar Irak.

Como todos sabemos, nunca fueron encontradas tales armas. El ahora tristemente famoso discurso del ex secretario de Estado Colin Powell ante las Naciones Unidas en febrero de 2003, en el que mostró los supuestos lugares exactos donde estaban ocultas esas armas, fue ficción pura.

Después, los errores y medias verdades fueron en aumento. No se le quiso dar a los inspectores de las Naciones Unidas el tiempo adicional necesario para contradecir o corroborar las sospechas estadounidenses de que Irak poseía tan letales armas. La decisión de invadir ya estaba tomada: la administración Bush había puesto su mira en desmantelar el gobierno de Saddam Hussein.

La guerra estalló el 20 de marzo de 2003. Pocos días después, yo estaba en la frontera entre Kuwait e Irak, y pude presenciar personalmente el frío recibimiento que la población iraquí dio a las tropas estadounidenses. Era una muy mala señal. Nuestros hombres y mujeres en el ejército no fueron recibidos como liberadores; contrariamente a las optimistas expectativas de Washington, no hubo quien arrojara flores, ni música o baile en las calles.

Cuando finalmente quedó claro que no se iban a encontrar armas de destrucción masiva en Irak, los objetivos generales de Estados Unidos en Irak cambiaron. Ahora el supuesto propósito de la guerra era derrocar a Saddam Hussein.

Nadie niega ahora que Saddam Hussein era un dictador déspota y sanguinario. Pero él no tuvo absolutamente nada que ver con los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 que mataron a casi tres mil personas en Estados Unidos. Nada. Y no obstante, la administración Bush defendió su orden de invadir Irak en parte trazando una línea inexistente entre Saddam y el 11 de septiembre.

Si una de las responsabilidades oficiales del gobierno de Estados Unidos era derrocar dictadores extranjeros, entonces habría una larga lista de tiranos de donde escoger. La revista Foreign Affairs publicó recientemente los nombres de 23 líderes autoritarios en el mundo que actualmente están en poder: Kim Jong Il ha gobernado Corea del Norte durante 16 años; Robert Mugabe tiene tres décadas dirigiendo Zimbabue; Muammar Kaddafi no ha soltado el control de Libia por 41 años. Y los hermanos Castro han determinado la ruta de Cuba durante el último medio siglo. Pero, por alguna extraña razón, Estados Unidos decidió derrocar sólo a Saddam.

Entonces, con Saddam encarcelado y sin haber encontrado armas de destrucción masiva, el objetivo principal de la guerra en Irak cambió de nuevo. La meta central, nos dijeron, era llevar la democracia a Irak – enseñar a sunnitas, chiítas y kurdos el bello arte de la negociación y la concesión.

En marzo, en medio de la inconcebible violencia de una guerra, Irak finalmente celebró elecciones parlamentarias. Pero los resultados no fueron conclusivos y, cinco meses después, el estancamiento político ha impedido que se forme un nuevo gobierno. Sería tonto creer que, sólo por celebrar elecciones, Irak está demostrando que es una verdadera democracia.

En tanto, más de 4,400 soldados estadounidenses y cuando menos 90,000 civiles iraquíes han perecido por la violencia desde 2003, según el Departamento de Defensa e Iraq Body Count, respectivamente. Y se calcula, que hasta ahora, la guerra ha tenido un precio de más de 700 mil millones de dólares. Después de todo esto, ¿estamos más seguros los estadounidenses?

Nadie puede estar seguro de la respuesta. Hay quienes dicen que en lugar de reducir el riesgo de un ataque terrorista futuro contra Estados Unidos, la Guerra de Irak lo multiplicó.

Así pues, Estados Unidos se retira de Irak sin haber encontrado armas de destrucción masiva, sin introducir la verdadera democracia en el pueblo iraquí y sin la certeza de que la guerra redujo el riesgo de ataques terroristas en suelo estadounidense – en pocas palabras, sin poder proclamar victoria.

Después de tanto esfuerzo y sacrificio, ¿cuándo sabremos si todo esto valió la pena?