Reflexiones
La Raza del Noroeste
No deja de parecer simpático el enorme cubrimiento y las reacciones que ha recibido la captura del joven Colton Harris-Moore, conocido como el “Ladrón de pies descalzos”.
El episodio parece representar algo de esa cultura estadounidense de crear y alabar a los ídolos, que para la mayoría de quienes no crecimos en ella, resulta tan difícil de entender.
Colton-Harris es un criminal, adolescente pero criminal al fin, quien causó pánico y dolor a varias familias con sus “travesuras”.
Eso es deplorable.
Pero, por otra parte, el joven pareció agradar con la forma fresca e infantil de cometer sus fechorías.
Además se suma el hecho de que sus crímenes nunca fueron violentos, y el hecho que es un niño criado en medio de problemas causados por las irresponsabilidad de sus padres.
De manera que no es un simple caso de robos, es una historia con cierto tono de entendimiento, desde el punto de vista del ser humano involucrado.
Pero, de ahí a convertir casi en ídolo su figura, crear páginas de aficionados en internet, y comercializar su imagen en camisetas, como se hizo, hay mucho trecho.
La habilidad que existe en esta cultura para celebrar a las personas y para reconocer sus méritos, es notable y positiva.
Pero a nosotros nos sorprende cuando incluso se cambia el valor de lo que llamamos “mérito”.
¿Somos los medios responsables de ese comportamiento? Quizás en parte, quizás se presta demasiada atención a hechos en principio menores, como este.
Pero se hace porque tienen un componente interesante y divertido para la audiencia, algo que es curioso, pero le gusta al estadounidense promedio.
El muchacho está en la cárcel, pagará sus culpas, y ojalá se corrija hacia el futuro.
Eso, es lo que importa.
