Georgina Montalvo
Agencia Reforma
Mamá y papá son quienes deben estar convencidos de que sus vástagos son seres independientes y que el acudir a la escuela representa el inicio de la socialización que les servirá para toda la vida.
“Es la primera oportunidad que tiene el niño para enfrentarse al mundo, desapegarse de sus padres y socializar”, considera Brenda Monroy, pedagoga y académica de la Universidad Panamericana.
Ese primer día de escuela será una situación desconocida, van a interactuar con personas que no conocen y es la primera separación real y abrupta que tienen de sus padres. Incluso esta experiencia puede marcar de por vida su relación con la escuela, por eso se debe procurar que sea una experiencia placentera, sugiere Blanca Venegas maestra en Psicoterapia Psicoanalítica por la Universidad Intercontinental.
“Los padres también pueden experimentar sentimientos de poca confianza, inseguridad o incertidumbre al no saber cómo van a tratar a sus hijos, especialmente si tienen la idea de que sólo ellos los pueden cuidar y entender bien”, señala Venegas.
El no lograr superar esos sentimientos contribuiría a hacer más grande la angustia que de manera natural sienten los niños ante esa experiencia.
De acuerdo con las expertas, las siguientes son algunas recomendaciones que puede seguir la familia para hacer de ese día algo inolvidable.
Abandonar el nido
Expliquen al niño o niña lo emocionante que resultará ir a la escuela porque conocerá a otros compañeros de su edad y podrá hacer amigos.
Hagan una visita previa a la escuela; si el programa de dicho centro no incluye este ejercicio ni el que conozcan a su maestro o maestra, pueden pasar por afuera del plantel y decirle que ese es el lugar donde pasará unas horas agradables haciendo cosas muy divertidas. También pueden ubicar juntos por dónde va a entrar y dónde lo va a esperar a la hora de la salida.
Por lo menos una semana antes del inicio de clases, realicen la rutina que se seguirá una vez entrando a la escuela: levantarse a la hora necesaria, asearse y desayunar. También puede intentar llevarlo con alguna persona de confianza el tiempo que permanecería en la escuela, así conocerá su reacción ante la separación y no lo tomará por sorpresa.
El día de clases procure no retrasarse para evitar que el niño se tense más de lo natural.
Procure no dar instrucciones del tipo: “no hables”, “no pelees” o “no grites”, porque además de aumentar su ansiedad, creerá que lo deja en un lugar donde siempre estará limitado.
Si tiene que llevar refrigerio, prepárele un desayuno especial con su menú favorito.
Acompáñelo hasta la puerta de la escuela, dígale lo mucho que le quiere y a qué hora lo va a recoger.
No llegue tarde por él y espérelo exactamente donde le dijo. Aunque esa tarde esté dando el sol ahí, haga el esfuerzo.
Al momento de la despedida, que debe ser breve, evite decir: “no te va pasar nada”, “la maestra no es mala”, “nadie te va a pegar”, pues no hay que anticiparle momentos desagradables que lo pueden angustiar.
Déjele algo suyo muy valioso, algo que el pequeño sepa que es de mucho valor afectivo para papá o mamá. Y dígale: cuídamelo y me lo das cuando regrese por ti.
Si tienen hermanos en la misma escuela, pídales que le cuenten al más pequeño lo positivo del lugar.
Platíquele de sus propias experiencias cuando era niño.
Si hace berrinche para conmoverlo y así evitar que lo deje, no se deje convencer, en especial ese primer día, pues si el niño ve que su táctica no funciona, desistirá.
Siempre debe despedirse, no salga corriendo o a escondidas, si lo hace el pequeño se sentirá engañado y abandonado por sus padres.
