Jorge Ramos
Columnista
Si Estados Unidos quiere mejorar sus relaciones con sus vecinos del sur puede hacer muchas cosas incluyendo el próximo viaje del presidente Barack Obama a Brasil, Chile y El Salvador. Pero, definitivamente, no debe enviar armas al sur.
En el proceso de llevar a cabo esta iniciativa, llamada “Operación Fast and Furious”, agentes federales permitieron que más de 1,700 armas de fuego ilegales fueran introducidas en México desde Estados Unidos, sin notificar a la administración del Presidente Felipe Calderón. Eso no se hace entre vecinos.
Según la denuncia de John Dodson, agente basado en Phoenix de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF, en sus siglas en inglés) el plan era introducir las armas en el lado mexicano para que agentes en Estados Unidos pudieran rastrear su desplazamiento, con la esperanza de que eso permitiera a las autoridades localizar a grupos criminales y de narcotraficantes. El problema, me dijo Dodson en una entrevista, es que las armas no tenían marcas especiales ni llevaban chips ocultos, por lo que resultó extremadamente difícil seguir su ruta. Estas armas de fuego – muchas de las cuales eran pistolas y carabinas semiautomáticas extremadamente destructivas – quizá ya hayan sido empleadas para matar a personas inocentes en México. Imposible saber si estas armas, y cuántas de ellas, están siendo usadas para cometer crímenes.
Pero hay más. Mientras la ATF se encuentra ahora revisando sus estrategias, esta operación de “entrega controlada” de armas hacia territorio mexicano no ha cesado. “Ninguna de estas personas ha dicho que esta actividad va a parar”, dijo Dodson en una entrevista desde Phoenix. “Nadie ha dicho que hemos suspendido está política mientras duren las investigaciones.”
Dodson decidió revelar la Operación Fast and Furious después del asesinato en Arizona del agente migratorio Brian Terry, agente de la Patrulla Fronteriza, el 14 de diciembre de 2010. Diversos funcionarios creen que los sicarios en el desierto de Arizona tenían como blanco a un equipo de cuatro hombres de la Patrulla Fronteriza que incluía a Terry. El equipo estaba tratando de aprehender a criminales dedicados a atacar a inmigrantes indocumentados que se internaban en Estados Unidos por el desierto.
Dos de las armas que dejó pasar Dodson a México como parte de la Operación Fast and Furious se encontraron en el lugar donde murió Terry. Dodson dijo que sintió cierta responsabilidad por la muerte de Terry y eso lo decidió a hablar contra la operación de contrabando de armas.
Eso es comprensible, pero, ¿qué hay de los mexicanos que probablemente han perdido la vida a mano de criminales armados con ese mismo envío secreto? ¿Quién va a hablar por ellos? Son muchas las personas que hoy se encuentran en peligro debido a esta actividad clandestina estadounidense, sobre la cual el gobierno mexicano al parecer no fue informado.
Así que ahora que el Presidente Obama se prepara para su viaje a América Latina, es un buen momento para que los estadounidenses aprendan una lección valiosa: Estados Unidos nunca debe llevar a cabo una operación como la de Fast and Furious en tierras extranjeras. Nunca.
Lo que debe hacer es aprovechar su gran influencia para promover la apertura y cooperación con otras naciones, y particularmente en América Latina.
Está muy claro que Afganistán, Irak y las recientes rebeliones populares en Túnez, Egipto y Libia están en los primeros lugares de la agenda de la administración Obama. Pero, aún así, Obama he estado sumamente atento a los sucesos recientes que afectan a los países que visitará en Centro y Sudamérica, y su visita puede beneficiar a todos los involucrados. Además, Obama es bastante popular en la región. Su predecesor, George W. Bush, en cambio, no era visto con simpatía por su injustificada e innecesaria invasión de Irak.
Obama no tiene que hacer mucho para caer bien en Latinoamérica. Pero, con este viaje está subrayando que estos países son todos socios importantes de Estados Unidos. Indudablemente, Brasil es el motor económico de América del Sur. Chile aspira a convertirse en el primer país desarrollado de América Latina. Y El Salvador está mostrando al mundo que un gobierno de izquierda puede tener una relación estable con Washington. “Las ideologías ya no son importantes”, me dijo el Presidente de El Salvador, Mauricio Funes, en una entrevista reciente. “El Salvador puede construir, junto con Estados Unidos, una alianza para el desarrollo.”
A estas alturas del juego Estados Unidos debe saber qué las alianzas con América Latina funcionan, en tanto que el envío secreto de armas no. La cooperación funciona, pero no así la imposición de sus estrategias sobre otras naciones. Compartir información funciona; las operaciones secretas en el extranjero, no.
Dan Restrepo, un asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, me dijo recientemente: “Estados Unidos, bajo el liderazgo del Presidente Obama, quiere trabajar como socios, como iguales” con estas naciones.
Y eso – una relación entre iguales – es lo mismo que quieren los países latinoamericanos de Estados Unidos. Pero eso no se logra enviando armas a otro país, sin aviso previo, y con muy predecibles y mortales.
