El ex secretario de Educación, Arne Duncan, recientemente lanzó un pedido para que los estudiantes tengan más acceso a herramientas de alta tecnología. “La persistente carencia de acceso a fuentes educativas y tecnología de talla mundial en muchas comunidades es la esencia de este asunto,” escribió.
Ese tipo de creencia ilusoria es una simplificación excesiva de un asunto muy complejo.
En los últimos seis meses como profesora de clases de tecnología (tanto de aplicaciones de software y Chromebook) me di cuenta de que, incluso cuando las herramientas están presentes, ni los estudiantes ni los maestros saben cómo sacar el mejor provecho de la tecnología. Se invierten muy poco tiempo o energía en capacitar a los maestros para utilizar los aparatos a fin de crear lecciones dinámicas por las que la materia cobre vida y el aprendizaje sea profundo. En muchos casos, se supone que los maestros sabrán cómo hacerlo—y serán capaces de diseñar e implementar la nueva enseñanza sin problemas y sin ayuda. Eso no es justo. Hasta los maestros más familiarizados con la tecnología quizás no puedan diseñar lecciones que utilicen recursos en línea, que pueden variar enormemente en calidad y a veces requieren costosas suscripciones pagas.
En otras instancias, los aparatos son emparejados con “sistemas de aprendizaje” que ayudan a los estudiantes a trabajar en matemática o lenguaje en el entorno de un juego de video.
Pero seamos claros: A pocos estudiantes les gusta aprender cómo evaluar ecuaciones algebraicas aun cuando se las presenten en juegos electrónicos.¿Es de extrañar, entonces, que, como era de suponerse, los estudiantes no vengan a clase con sus aparatos (que fueron entregados por la escuela) cargados y listos para ser usados para propósitos académicos? Lamentablemente, como con cualquier otro aspecto de desempeño académico—es decir, completar tareas en clase, leer los textos requeridos, estudiar para pruebas—sólo se puede contar con los muchachos que siempre son organizados y que tratan de hacer todo lo mejor posible, para que lo hagan.
¿El resto?
Bueno, en mi escuela, a pesar de implorar y tratar de convencer, sé que, en cualquier momento dado, alrededor de la mitad de la clase no tendrá su aparato listo. En otras instancias, los estudiantes usan sus aparatos como cajas de música, cuando las lecciones son “aburridas”. O peor aún, cuando dan pruebas en línea.
No es mi deseo sugerir que las herramientas tecnológicas no pueden ser una fuerza para el bien en las escuelas—con la cultura adecuada y la capacitación correcta para los maestros, tienen el potencial de llevar el aprendizaje a nuevas alturas.
Pero simplemente lanzar más computadoras en manos de los muchachos y proporcionar más clases de programación no producirá más tecnólogos de ciencias y una economía más fuerte Además de los nuevos Chromebooks o iPads para los estudiantes, los maestros necesitan escuelas que les proporcionen capacitación de calidad, nuevas estrategias disciplinarias y excelentes recursos para modernizar las lecciones.
