Por CRISTIAN KOVADLOFF
y ALLEN PANCHANA,
Associated Press
PORTOVIEJO, Ecuador (AP) — Pese al dolor que constantemente invade a los habitantes de esta pequeña población, Pablo Córdova tiene algo por lo que estar agradecido: ahora puede devolver el ataúd que su esposa había conseguido para su funeral. Este recepcionista de 51 años fue rescatado de los escombros que dejó el terremoto más poderoso que ha afectado a Ecuador en décadas 36 horas después de ocurrido. Su esposa había perdido las esperanzas de verlo con vida luego de que el hotel El Gato, de cinco pisos, se desplomara sobre la cabeza de su marido la noche del sábado cuando un terremoto de 7.8 grados azotó la costa del centro Ecuador, derrumbó edificios de las ciudades costeras a diestra y siniestra y provocó la muerte de, al menos, 443 personas, heridas a 4.027 y la desaparición de 231 más. Córdova sobrevivió calmando la sed con su propia orina y orando para que el servicio de telefonía móvil se restableciera antes de que la batería de su celular se agotara. “¡Carajo, he vuelto a nacer! Pero mi mujer ya me estaba organizando el velorio”, bromeó Córdova, quien desde hace 20 años trabajaba los fines de semana en el hotel dónde él y cinco huéspedes se encontraban al momento del terremoto. “Gracias a Dios tengo vida y un ataúd que debo devolver porque aún me falta mucho para morirme”. “Soy al único que han encontrado vivo y creo que es un milagro”, agregó este hombre de bigote espeso y sonrisa fácil mientras contaba que bajos sus piernas encontró una linterna y “la batería de mi viejo celular, que me duró porque lo apagaba, hasta que por fin el lunes encontré señal y pude llamar a decir que estaba vivo. Por suerte tenía saldo en el teléfono”. Su esposa, Sonia Zambrano, asiente cómplice, pero aún sin salir del asombro dice: “ya lo hacía muerto”. Desde el martes grupos de rescatistas de todo el mundo se dirigieron a la costa pacífica ecuatoriana en busca de sobrevivientes. Damnificados del terremoto, que se cuentan entre los cientos de miles, se unieron a la búsqueda de sus seres queridos y escarbaron entre los escombros con sus propias manos, desesperados mientras las horas pasaban y las esperanzas de encontrar cuerpos con vida se agotaban.
