Oso, Yungay, Armero y Vargas cuatro tragedias que nos unieron

Reflexiones

La Raza del Noroeste

El reciente deslave de Oso nos recuerda a los hispanos los deslaves ocurridos en nuestros países. Han pasado más de 40 años entre el deslave de Yungay en Perú y el de Oso pero en las cuatro tragedias ocurridas dos hermosos valores en común emergieron: unión y solidaridad.

El deslave de Oso ya cobró la vida de 41 personas. Docenas de casas fueron sepultadas por toneladas de lodo. Horas después del deslave, un gigantesco operativo se puso en marcha y los damnificados contaron con atención médica, consejo psicológico, apoyo financiero, vivienda temporal, víveres ropa, y efectivo. Los voluntarios que ayudan en las labores de rescate, son un ejemplo a seguir. Unidos, los vecinos están sacando adelante a su pueblo.

Más al sur, en Perú, Colombia y Venezuela, la magintud de los desasters ocurridos decadas atrás fueron gigantescas y los retos encarados también los fueron.

En el Perú, en 1970, un terremoto causó la ruptura del pico de un glaciar y éste, convertido en deslave, arrasó poco más tarde a una velocidad de más de 200 kilometros por hora y una pared de 20 metros de altura de lodo, a la población completa de Yungay. Más de 20,000 vidas se perdieron. El movimiento telúrico causó la muerte de poco más de 100,000 personas en toda la region afectada.

En Colombia, en 1985 el volcán Nevado del Ruiz cubrió con lava y tierra a las poblaciones de Armero y Chinchiná y con ellas a nada menos que 23,000 almas. Está es considerada la cuarta erupción que ha cobrado más vidas desde 1500 A.C.

En diciembre de 1999, un feroz alud se tragó el vecindarío de Los Corales en la población de Vargas en Venezuela. Se estima que hubo entre 10,000 y 30,000 muertos.

Todos los gobiernos respondieron de acuerdo a los procedimientos establecidos en casos de emergencias como esas. Obviamente, los recursos disponibles en nuestros países erán muy diferentes a los que cuenta el gobierno local y federal.

Sin embargo, la reacción de los pobladores en el Perú, Colombia y Venezuela, no fue diferente a la respuesta de los vecinos de Oso. Grupos de voluntarios locales se pusieron inmediatamente a disposición para asistir en las labores de búsqueda, y sin equipos apropiados y en casos, descalzos, se lanzaron al rescate antes que los primeros rescatistas llegaran al lugar.

Las historias de heroísmo de los voluntarios de aquellas tragedias, son similares a las actuales de Oso, y en todas existe el común denominador de solidaridad y union.

Nos reconforta ver que ante tales tragedias e independientemente de los recursos disponibles, en ambas culturas estos hermosos valores prevalecen; preservémoslos!