Para corregir un error del pasado

Jorge Ramos

Columnista

Los ex presidentes suelen defender las decisiones que tomaron cuando estaban en el poder, y distan mucho de admitir sus errores. Por eso Bill Clinton recibió tanta atención cuando admitió el error que cometió con Haití cuando era presidente: reconoció que se equivocó y ahora está tratando de corregirlo.

Hace dos semanas nos reunimos en la Universidad de Miami para discutir la Iniciativa Global Clinton, una fundación que el ex presidente creó en 2005. Clinton recordó cómo, en 1994, Estados Unidos y otras naciones ejercieron presión sobre el recién restituido presidente haitiano Jean-Bertrand Aristide para que permitiera la importación de arroz con tarifas muy bajas. Esto provocó la desaparición de gran parte del sector agrícola en Haití; muchas familias perdieron sus tierras, y a la larga surgió la — hambruna. Haití pasó de ser un exportador de arroz a ser un importador. “Fue un error”, dijo Clinton con la mirada sombría pero directa — manteniendo contacto visual y frunciendo la boca — que emplea para subrayar sus declaraciones más importantes. “Todos estábamos equivocados”.

Cierto, era más barato importar arroz de Arkansas que producirlo en Haití. Pero eso dejó desempleados a muchos haitianos: el remedio resultó peor que la enfermedad.

El ex presidente de 63 años no llegó al grado de decir que el Tratado de Libre Comercio con México y Canadá, que su predecesor firmó hace 18 años, también fue un error. Pero cuando le comenté que muchas tortillas mexicanas ahora se hacen con maíz norteamericano, reconoció que “a menos que tengas tus inversiones listas, vas a perder más de lo que vas a ganar; simplemente estábamos equivocados”.

Sin embargo, Clinton salió a la defensa del actual presidente mexicano Felipe Calderón y su política en contra del narcotráfico. “Admiro a los mexicanos”, dijo. “Están tratando de hacer lo que los colombianos hicieron.”

En 1997, el entonces presidente Clinton firmó con México una alianza contra las drogas. Desde entonces, sin embargo, la situación ha empeorado. Más de 22,000 personas han sido asesinadas por la narcoviolencia desde que Calderón asumió el poder en el 2006. Las rutas de las drogas desde Sudamérica pasan ahora por México y, como explicó Clinton, los cárteles de la droga están comprando sus armas del otro lado de la frontera.

Cuba también ha sido otra de las preocupaciones constantes del ex presidente. Sus intenciones de un mayor acercamiento con la isla se derrumbaron en 1996 cuando Fidel Castro ordenó el ataque contra dos avionetas del grupo Hermanos al Rescate. Cuatro personas murieron.

La secretaria de Estado, Hillary Clinton, dijo recientemente que es su “convicción personal que los Castro no quieren ver el fin del embargo ni quieren ver la normalización de relaciones con Estados Unidos”. Su esposo está de acuerdo: Bill Clinton cree que el gobierno cubano debería, primero, sacar de las cárceles a los prisioneros políticos, y luego permitir mayor libertad política, económica y social.

“Puedo decir que estoy muy agradecido por lo que Cuba ha hecho con Haití”, dijo. “Pero si ellos quieren demostrar que Hillary está equivocada, lo único que tienen que hacer es cambiar su política”. Como ejemplo, mencionó el grupo activista de esposas de disidentes políticos encarcelados que han estado exigiendo la liberación de sus esposos: “Esas Damas de Blanco tienen razón”.

Con sus esfuerzos para fomentar el cambio en Haití, México y Cuba — y su reconocimiento de errores en el pasado — Clinton está demostrando que se puede ser un líder aún más honesto y efectivo fuera de la Casa Blanca.