(AP)-A un mes de iniciada la vertiginosa campaña electoral mexicana, el apuesto y telegénico candidato del antiguo partido dominante lleva 20 puntos de ventaja a sus principales rivales y atrae a miles de simpatizantes a actos estrictamente planificados que más bien parecen festejos anticipados.
De no mediar imprevistos, Enrique Peña Nieto devolverá la presidencia al Partido Revolucionario Institucional (PRI), 12 años después que un electorado harto de la corrupción, el desgobierno y la represión a opositores puso fin a 71 años de regímenes autocráticos.
Peña Nieto seduce a muchos, pero también genera severas críticas en otros.
Sus críticos lo describen como un producto de la mercadotecnia televisiva, una cara bonita que es incapaz de improvisar y que siempre necesita un guión, algo que para sus partidarios son apreciaciones superficiales de un político al que ven como un buen líder, pragmático, incluyente, que sabe negociar, escuchar a la gente y, sobre todo, cumplir sus promesas.
“Lo que me importará y será mi mayor prioridad será dar resultados”, dijo a The Associated Press Peña Nieto, a quien le ha favorecido que parte de la población ha mostrado desilusión frente a promesas de cambio no realizadas y una espiral de violencia del narcotráfico que ha afectado al país durante los gobiernos del Partido Acción Nacional (PAN), que sacó al PRI de la presidencia en el 2000.
Su “obsesión”, dice, será promover el crecimiento económico para generar más empleos en un país en el que cerca de un 50% de la población es considerada pobre. Buscará, dijo, que el impulso al empleo y la educación sea un instrumento que permita enfrentar la inseguridad.
A diferencia del actual presidente Felipe Calderón, Peña Nieto dijo que su prioridad será reducir la violencia más que enfrentar a los capos del narcotráfico, aunque asegura que no dejará de combatirlos.
En mayo de 2006, en la comunidad de San Salvador Atenco, se enfrentaron de manera brutal pobladores y policías luego del desalojo de unos vendedores de flores en una localidad cercana. El caso llegó hasta la Suprema Corte que concluyó que se habían cometido “violaciones graves” a los derechos humanos por parte de los agentes, pero exoneró a los funcionarios que autorizaron el uso de la fuerza, entre quienes se mencionó a Peña Nieto.
