Por Adriana Estrada-Bataille
Estudios sociológicos confirman que la migración no solo transforma a los migrantes, es un movimiento que altera tanto a los pueblos que se dejan atrás, como a las tierras que reciben a todos aquellos que anhelan nuevas oportunidades. Actualmente, el crecimiento de la comunidad hispano parlante alcanza el 18% de la población de los Estados Unidos, realidad que ha impregnado el país de nuevas voces y colores que enriquecen diariamente su territorio. La incesante llegada de los migrantes ha inspirado a los artistas —particularmente a los amantes de la escritura— a recuperar y fortalecer la presencia de la lengua castellana, reforzando un vínculo indisoluble de identidad cultural. Anteriormente, los hijos de inmigrantes crecían rechazando sus raíces, renegando de su cultura. Fueron muchos los padres que —en su buena intención por integrar a sus hijos a la nueva cultura y sociedad—, ofrecieron a su familia una educación que incitó únicamente el idioma inglés, negándoles la posibilidad de hablar, leer y escribir en su lengua madre. La experiencia de cientos de migrantes confirma que incorporarse a un país, requiere de elementos políticos y sociales que van más allá del dominio de un idioma. Hoy, nuevas generaciones de padres de familia están criando niños y jóvenes bajo una apertura educativa y cultural que los libera de la pesada carga de los prejuicios, permitiéndoles abrazar sus orígenes con orgullo. La globalización, el arduo trabajo de instituciones educativas y culturales, así como la labor de líderes con una fuerte influencia en la comunidad hispana, unen diariamente esfuerzos y colaboran para eliminar etiquetas y estereotipos, modificando la percepción errónea del ser hispano y demostrando la capacidad, el talento y el impacto positivo que ofrece la población de migrantes a este país. Estos esfuerzos, indudablemente apoyan a los jóvenes del milenio a considerar el bilingüismo como una fortaleza en su formación personal y académica, una herencia que les concede la riqueza de dos lenguas igualmente valiosas y representativas que les permite desde hoy mayores oportunidades, incluyendo laborales y sociales. Las voces de los escritores —jóvenes y adultos—, empiezan a cambiar el rumbo de la literatura latinoamericana diseñando un horizonte con mayores oportunidades. En contra de toda especulación, las casas editoriales ven en los escritores hispanos estilos narrativos frescos y con propuestas atractivas que permiten ampliar sus catálogos. Las oportunidades de mostrar el talento, se acomodan como piezas de ajedrez. ¿Quiénes se atreverán a jugar la partida y continuar fomentando el uso de la lengua castellana sobre toda corriente?
