E. EDUARDO CASTILLO
The Associated Press
El Partido Revolucionario Institucional (PRI) se encamina a ser la primera fuerza en las dos cámaras del Congreso de México, aunque sin alcanzar una mayoría que le permita por sí solo sacar adelante reformas, por lo cual tendrá que negociar con otros grupos políticos.
El Instituto Federal Electoral señaló que el PRI tendría 207 de los 500 asientos en la Cámara de Diputados y 52 de los 128 en el Senado, con lo cual el hasta hoy partido de oposición se alza con el mayor número de posiciones en el Congreso bicameral.
La composición final del Congreso, sin embargo, aún deberá ser validada por el tribunal federal electoral en las siguientes semanas.
El PRI se alió en los comicios con el minoritario Partido Verde, que obtendría 33 diputaciones federales, con lo cual ambos tendrían 240 posiciones en la cámara baja.
Para algunos, también podría lograr un acuerdo con Nueva Alianza, otro partido minoritario que tendría 10 asientos y con el que ha hecho alianzas en el pasado, aunque aún así no lograrían la mayoría necesaria para sacar adelante reformas.
En el Senado el Verde obtendría 9 lugares y Nueva Alianza uno.
“Creo que (el PRI) no tiene muchas alternativas… no puede imponer las cosas, tiene que negociarlas con al menos otro de los partidos grandes. No tiene otro remedio”, dijo a The Associated Press el analista político José Antonio Crespo, en referencia al conservador Partido Acción Nacional (PAN), actualmente en el gobierno, y el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD).
En los comicios del 1 de julio el PRI ganó la presidencia de México con su candidato Enrique Peña Nieto, 12 años después de haber perdido el poder que mantuvo durante siete décadas. La izquierda, segunda en la votación, ha anticipado que impugnará los resultados al considerar que hubo irregularidades como la compra del voto a favor del triunfador.
Previo a los comicios, cuando las encuestas daban una ventaja de hasta dos dígitos al PRI rumbo a la presidencia, muchos se preguntaban si eso podría traducirse en que el partido alcanzara mayoría absoluta en el Congreso, como llegó a tenerla muchas veces durante sus años en el gobierno, lo cual hubiera podido darle un poder hegemónico que hiciera a un lado a la oposición.
Al final, eso no ocurrió.
