Maria Elena Salinas
Columnista
Después de 28,000 muertes el gobierno mexicano finalmente admitió que hay un “problema de violencia” que azota al país. Ya era hora. El siguiente paso a tomar es el de reforzar la lucha contra los carteles de droga que están aterrorizando a ciudades enteras. Recientemente anotaron algunos puntos en la batalla contra la narco-violencia cuando el ejército mexicano disparó y mató a Ignacio “Nacho” Coronel, el número 3 del temido Cártel de Sinaloa. Pero a quién realmente necesitan atrapar es el cabecilla del cartel, el narcotraficante más buscado en México y los EE.UU., clasificado como el fugitivo más peligroso después de Osama bin Laden.
Él tiene 55 años, se auto describe como un mujeriego, no es ostentoso en su apariencia, bebe cerveza y ron con Coca-Cola, los vecinos dicen que es generoso, los músicos le han dedicado canciones. Cuando sale a comer es rodeado de un séquito de hombres bien armados, a menudo paga la cuenta de todos los clientes en los restaurante sin importar si los conoce o no.
Joaquín Guzmán Loera, también conocido como “El Chapo” ha estado prófugo desde enero del 2001 cuando se escapó de una prisión de máxima seguridad, considerada la más segura de México, presuntamente en un carrito de lavandería. De acuerdo a funcionarios mexicanos, 78 personas fueron implicadas en la huida.
El Chapo estaba cumpliendo una condena de 20 años por soborno y asociación delictuosa vinculada a sus actividades criminales, la creación de uno de los carteles de droga más grandes y violentos del mundo. Hoy en día existe una recompensa de $5 millones sobre su cabeza.
Se inicio en la vida del crimen organizado a principios de los años 80 cuando trabajó junto a Miguel Ángel Félix Gallardo, en aquel tiempo el narcotraficante más poderoso en México. El Chapo luego llegó a formar su propia red de narcotráfico y logro ser exitoso al inundar el mercado de los EE.UU. con cocaína.
En 1993 un cártel rival liderado por los hermanos Arellano Félix intentó asesinar a El Chapo afuera del aeropuerto de Guadalajara, pero en el intento fallido los sicarios mataron por error al Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.
Hay una buena explicación de por qué ha sido tan difícil capturar al prófugo más buscado en México. En el pueblo de Badiraguato, no lejos del lugar en donde nació El Chapo en el estado de Sinaloa, los residentes lo alaban por su presunta benevolencia y generosidad. “Cuida de los pobres y por eso la gente pobre cuida de él,” dijo un residente del pueblo.
El propietario de un restaurante de comida rápida le da crédito a El Chapo por el floreciente comercio en pueblo de 35,000 habitantes. “Gracias a él tenemos tiendas, él ayuda a la gente y la gente viene a gastar.” El Presidente Mexicano Felipe Calderón ha asignado 45,000 efectivos militares en la zona de Baridaguato, pero es evidente que la lealtad en esta región está a favor de mantener a El Chapo un hombre libre.
Hace varias semanas la unidad de investigación de noticias de la National Public Radio (NPR) de los Estados Unidos revelo unas inquietantes conclusiones en su investigación exhaustiva de El Chapo y el cartel de Sinaloa: que existe la colusión entre elementos del ejército mexicano y el cártel de Sinaloa. Sobornos a funcionarios de alto nivel han permitido a Guzmán evitar su captura, expandir su territorio y operar con impunidad.
Una respetada revista de noticias en México recientemente publico la foto de Guzmán en la portada titulada “El Intocable.” El periódico Reforma publicó artículos acerca del cártel de Guzmán y como lograron infiltrar a la policía federal, tomar control de los aeropuertos y puertos marítimos donde la cocaína se contrabandea desde Colombia en camino a los Estados Unidos.
