¿Relaciones rotas?

(AP) — Los esfuerzos por ceder la seguridad a los afganos y cerrar la guerra de una década siguen bien encaminados, dijo el comandante supremo de Estados Unidos en Afganistán, pese a la indignación provocada por la matanza de civiles supuestamente a manos de un soldado estadounidense y a la quema de ejemplares del Corán.

En un testimonio preparado para el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, el general John Allen, de los infantes de marina, no dio indicios de acelerar la salida de las fuerzas de combate en vista de las crecientes presiones políticas y públicas para poner fin a la misión militar.

Las encuestas de opinión indican que un número creciente de estadounidenses considera que Estados Unidos debería retirar a los 90.000 soldados destacados en ese país. El presidente afgano Hamid Karzai dijo la semana pasada que estaba “con la soga al cuello” por la muerte de civiles y exigía que Estados Unidos se alejara de los centros de población.

El actual plan estadounidense dispone el retiro de 23.000 soldados para fines de septiembre y un retiro total para diciembre del 2014, cuando las fuerzas afganas deben retomar el control de la seguridad nacional.

“Ojalá pudiera decirles que esta guerra es sencilla y que el progreso puede medirse fácilmente”, afirmó Allen. “Pero no ocurre así con la contrainsurgencia. Está matizada por éxitos y reveses, que pueden coexistir, pero cada uno de estos debe ser considerado en el contexto mayor de la campaña general. Y creo que la campaña está bien encaminada”.

En Estados Unidos el sargento espera ser enjuiciado

Cuando faltan unos días para el encausamiento del sargento del ejército Robert Bales, acusado de matar y quemar a 16 civiles afganos, su abogado se reunió con él el lunes en una prisión militar en Kansas.

El abogado John Henry Browne dijo que Bales no recuerda nada sobre el incidente. El sargento se encuentra en una celda aislada de la prisión militar de Fort Leavenworth. Bales, de 38 años, ha servido por una década en el ejército.

No se han presentado cargos formales contra el sargento por su implicación en los hechos ocurridos el 11 de marzo, que han puesto en peligro las relaciones entre Estados Unidos y Afghanistán y amenazan con afectar la política estadounidense hacia el conflicto, que ha durado 10 años.

Sin embargo, es previsible que las acusaciones sean presentadas antes de una semana y si el caso deriva en un juicio, éste tendrá lugar en Estados Unidos, dijo un jurista de las fuerzas militares estadounidenses allegado a la investigación.