MARK STEVENSON
The Associated Press
Un sacerdote católico que ha desafiado a los carteles de la droga y a los policías corruptos para proteger a los inmigrantes centroamericanos dice que un obispo le solicitó que cese su trabajo en los refugios para migrantes.
El padre Alejandro Solalinde ha cobrado notoriedad en México por haber recibido amenazas de muerte después de denunciar a los narcos y a los policías que roban y secuestran a los migrantes, mayormente centroamericanos, que cruzan México con la esperanza de llegar a Estados Unidos.
Solalinde reveló que el obispo de su diócesis en el sur de México le dijo que estaba recibiendo demasiada atención con sus quejas públicas y que deseaba reasignarlo a tareas parroquiales.
La diócesis dijo que le han pedido que empiece a operar dentro de la estructura parroquial normal y que maneje su refugio para migrantes más como una actividad eclesiástica y menos como un activista solitario.
El desacuerdo ha planteado el tipo de enfrentamiento público entre sacerdotes activistas y la jerarquía eclesiástica más conservadora, como México no ha visto en una década, desde que se le dijo a la diócesis del ex obispo Samuel Ruiz que redujera sus prácticas eclesiásticas “indígenas” y acatara la doctrina aceptada.
El reverendo Solalinde dijo que su superior, monseñor Oscar Campos, obispo de la diócesis de Tehuantepec, en el sur de México, no está interesado en el tipo de trabajo humanitario que aquel considera su misión. Maneja el refugio “Hermanos en el camino” en el estado de Oaxaca, donde según dice, el cartel de narcos Zetas, en contubernio con policías corruptos, ha secuestrado y robado a migrantes.
Esa franqueza es rara en un país donde muchos temen nombrar siquiera a los Zetas, y en mayo, Solalinde tomó una breve licencia después de recibir amenazas de muerte.
El religioso dijo que el obispo Campos le dijo que lo designaría cura párroco, algo que según se quejó “me va a centrar en la administración, la burocracia, en el culto, y me va a quitar tiempo para estar tiempo completo con los migrantes”.
“Sé luchar contra los carteles, sé luchar contra la delincuencia organizada, contra las corporaciones policiacas y los funcionarios públicos corruptos”, afirmó. “Sé luchar contra todos, pero no puedo luchar contra la Iglesia”.
“Si la Iglesia me pide esto, va a lograr la Iglesia lo que los demás no lograron, que yo me vaya de aquí, y que les deje solas a las ovejitas para que pueden hacer lo que quieran con ellos”, se lamentó.
Por su parte el vocero de la diócesis de Tehuantepec afirmó que “el obispo solo le está pidiendo que se incorpore a una parroquia para que no esté desconectado de la labor de la Iglesia. Tiene que estar dentro de la estructura parroquial para no estar como últimamente se ha visto en una especie de labor individual”. “La labor nuestra de atención a los migrantes no es una labor puramente humanitaria, es una labor cristiana integral”, agregó. “Nuestra atención es en el nombre de Cristo; no es puramente una ONG (organización no gubernamental)”.
