Salvando la semillas de México

Alejandro Dominguez

La Raza del Noroeste

María Estela Barco Ortega ha trabajado 21 años para la organización no gubernamental DESMI en el estado de Chiapas. Ella trata de capacitar a campesinos de varios pueblos indígenas en agricultura sostenible, agro-ecología y formar trabajos que ayuden su economía local.

DESMI significa Desarrollo Económico y Social de los Mexicanos Indígenas, y es una de las organizaciones comunitarias más antiguas y reconocidas de Chiapas.

DESMI fue fundada en 1969 para acompañar y fortalecer el proceso de grupos organizados de campesinas y campesinos, e indígenas desde una práctica de Economía Solidaria con valores de justicia, equidad, pluralidad, diálogo y respeto a la naturaleza. Actualmente, DESMI trabaja con 183 comunidades, ofreciendo capacitación en agricultura sostenible, agropecuario y derechos de la mujer.

Y por este trabajo, Barco Ortega recibió el premio internacional de Derechos Humanos por parte de Global Exchange, una organización que lucha por los derechos de los trabajadores y por mejorar la ecología con base en San Francisco.

Ella, sin embargo, fue invitada por la Alianza Comunitaria para Justicia Global para hablar sobre su trabajo el pasado martes en Seattle.

Ella habló sobre como su trabajo consiste en capacitar a campesinos indígenas en mejorar sus prácticas de cultivo y al mismo tiemp, conservar semillas nativas que están en peligro debido a que son dañadas cuando se combinan con semillas diseñadas genéticamente llamadas transgénicas.

“El concepto es que la naturaleza es nuestra madre y el concepto es recuperarla porque ha perdido fertilidad,” dijo Barco Ortega. “Estas prácticas se han perdido y se está tratando de recuperar éstas prácticas.”

Su trabajo se concentra en tres zonas de Chiapas: en el norte, sur y cerca de San Cristóbal de las Casas. En estos momentos, están capacitando a 300 campesinos para que ellos después capaciten a sus comunidades.

La principal amenaza de las prácticas de agricultura son el uso de semillas transgénicas porque se está perdiendo la fertilidad de la tierra y las semillas nativas están siendo deformadas, impidiendo que germine, dijo.

La meta de su trabajo es que estos campesinos puedan alimentarse por sí mismos, ya sea con agricultura ecológica junto con aumentar la crianza de animales. También se quiere conservar la biodiversidad y el medio ambiente.

“Queremos que no pasen hambre y que se pueda sembrar frijol y maíz suficiente para poder comer,” dijo Barco Ortega.

Otras consecuencias de aprender métodos de cultivo nativos es que se conserva la fertilidad de la tierra e incluso se conserva la cultura y la lengua, dijo.

Y esto en peligro desde que se firmó el Tratado de Libre Comercio.

Su principal arma es hablar sobre su trabajo a organizaciones como Alianza Comunitaria para Justicia Global. Su mayor desafío es que las comunidades de la región están divididas y sufren de agresiones, unas incluso por el gobierno local.

“Es importante crear reacciones, y que se reconozca lo que se está haciendo y lo que esta pasando”, dijo.

Cuando se enteró de que iba a recibir un premio se llenó de sorpresa por ese honor.

“El premio fue algo inesperado. Me emocionó mucho. Yo decía que no he hecho nada extraordinario”, dijo. “Los deseos de lucha siempre lo he recibido de la gente. De ahí han salido mis motivaciones más fuertes.”

El evento del martes consistió en un almuerzo proveído por los participantes y después hubo una sesión de preguntas y respuestas.

Global Exchange es patrocinadora de Alianza Comunitaria para Justicia Global, que se dedica a asuntos alimenticios y de justicia social en el mundo.

La plática ayuda a que personas se enteren de las situaciones en otras partes del mundo.

“Ayuda a vivir el impacto de los acuerdos de comercio en México”, dijo la directora ejecutiva Heather Day.