LA CONFIANZA, Honduras
AP
Los campesinos de La Confianza se ponen en marcha al amanecer. Montados en bicicletas o camiones, se encaminan a plantaciones de palma africana donde recogen la fruta con palos largos de punta afilada llamados “malayos”. En el trayecto se cruzan con vecinos armados con rifles y ametralladoras, y atraviesan un puesto de control sobre el cual hay un cartel rojo con el rostro del Ché Guevara en el que puede leerse “Tierra liberada por el MUCA”, el Movimiento Unificado Campesino.
La comunidad, formada por casuchas de lata y madera, cuenta con un centro de salud, una escuela, una sala de reuniones y un negocio que surte a 380 familias pobres (más de 2.000 personas) que trabajan en unas 5.000 hectáreas arrebatadas a uno de los hombres más ricos de Honduras.
Las ocupaciones de tierras han inspirado actos similares en otros lugares de Honduras, lo que alarma a los empresarios del país y genera temores de una creciente violencia política. La comunidad también se ha convertido en el centro de amplia coalición de izquierdas que ha crecido alrededor del ex presidente Manuel Zelaya desde que un golpe de Estado lo sacó del poder en 2009 y dividió al país.
Se trata de “un proyecto político… un proyecto de vida que tiene que triunfar no sólo aquí sino en toda Honduras”, dijo Angel Flores, un albañil de 54 años que es el jefe de construcción de La Confianza. Mientras habla, a poca distancia un par de jóvenes realizan prácticas de tiro con pistolas semiautomáticas.
Los líderes del Movimiento Unificado Campesino del Aguán de Alvarez firmaron un acuerdo con el presidente hondureño Porfirio Lobo el mes pasado. Según el pacto, los agricultores deben recibir la mayor parte de la tierra que aún mantienen y pagar al gobierno 16 millones de dólares a través de un préstamo de largo plazo con bajos intereses.
Sin embargo, las órdenes de desalojo permanecerán en vigor porque el gobierno no pudo cumplir el plazo fijado para el 8 de febrero para pagarle a Dinant por la propiedad, dijo Pineda, el portavoz de la compañía.
Pineda afirmó que las tierras ocupadas por los campesinos en el Bajo Aguán representan el 50% de las plantaciones de palma africana que la empresa tiene en el Valle y el 25% de todas sus plantaciones en el país. “Si no cobramos el dinero que se nos adeuda, nos vamos a la quiebra”
Los campesinos, por su parte, se han apoderado de más tierras, y están inspirando tomas de otros hondureños pobres, que han ocupado miles de hectáreas (acres) en otros lugares.
