Reflexiones
La Raza del Noroeste
La violencia ha escalado a niveles sorprendentes en nuestra región. Hemos llegado a alcanzar el total de homicidios registrados el año pasado, en tan solo cinco meses.
Personas completamente inocentes y ajenas a una vida criminal, han muerto a causa de la ola de crímenes en el noroeste. Desde el fin de semana, y via internet, venimos reportando sobre los disparos en el área de South Park y en Seattle Center, sin pensar que antes de cerrar la edición de esta semana la ciudad se teñiría nuevamente de rojo.
Como periodistas nuestro deber es relatar historias que sean relevantes para nuestra comunidad, y estos hechos lo son, pero nunca nos acostumbramos a los actos de violencia.
La ciudad tiene un problema de armas de fuego, esto es lo principal. Y creemos que la ciudad esta empezando a admitirlo. El segundo paso es averiguar ¿que debemos hacer? Tal como lo dijo Bruce Harrell, concejal de Seattle, que si queremos contestar honestamente no hay una solución fácil.
Esta semana, Dan Satterberg, abogado fiscal del Condado King, dijo que debe haber leyes más estrictas contra los jóvenes que portan armas. Dos incidentes del fin de semana pasado fueron entre pandillas, tanto en el vecindario de South Park y en Seattle Center. ¿Cómo llegan estas armas a manos de estos chicos?
Hay un problema dentro del sistema legal y es que un joven menor de 18 años que porta un arma es sentenciado de 0-30 días de cárcel y de 0-12 meses de probatoria. Si es hallado culpable una segunda vez, es igual a la primera, de 0-30 días de cárcel y de 0-12 meses de probatoria. Una tercera vez, lo mismo. Y finalmente una cuarta vez, si el joven no ha aprendido su lección, pues lo sentencian a los mismo.
Es solo hasta la quinta vez que al joven se le requiere que permanezca encarcelado de 15 a 36 semanas, en lo que se conoce como JRA, Administración de Rehabilitación Juvenil, que es como un albergue.
Otro problema, es el de personas que tienen problemas de salud mental y cargan armas, como el agresor del miércoles pasado. El mismo hermano del agresor dijo que la familia solamente esperaba que algo como esto sucediera. Los terapeutas tienen la obligación civil, de alertar a las autoridades de una posible agresión, quizás se debería extender esta responsabilidad.
Las armas y las enfermedades violentas son un problema de toda la comunidad, y debemos trabajar en ellos juntos.
