Maria Fernanda Torres
Agencia Reforma
A veces no todas las reacciones secundarias de los medicamentos son perjudiciales. Aunque algunas medicinas son creadas para tratar ciertos padecimientos, con el tiempo se comprueba su efectividad para el combate de otras enfermedades.
Una serendipia es un descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado, como el caso del bótox, viagra y de muchos otros medicamentos.
“En los años 70, el oftalmólogo Alan Scott usó en sus pacientes esta neurotoxina que se extrae de la bacteria que causa el botulismo para relajar el músculo del ojo que causa la desviación”, señala el oftalmólogo Eloy Villarreal De los Santos.
Posteriormente, también se utilizó en el tratamiento de otros desórdenes oftalmológicos como el blefaroespasmo (movimiento involuntario del párpado).
El uso del bótox en el campo de la estética fue por casualidad. A raíz de su aplicación en la oftalmología se descubrió que desaparecía las arrugas en la zona donde se aplicaba. Así fue como inició su auge como tratamiento de rejuvenecimiento facial.
“Este fármaco se diseñó como un tratamiento para casos de estrabismo, y aunque se sigue empleando en este padecimiento, el 99 por ciento de su uso es en cuestiones estéticas”, comenta.
Otro ejemplo es el sildenafil, mejor conocido como viagra, que originalmente se usó como antihipertensivo.
“Aun cuando los resultados no eran los esperados, los pacientes lo seguían usando porque provocaba un efecto secundario favorable para ellos”, comparte Villarreal.
Entonces se descubrió su eficacia para tratar la disfunción eréctil, ya que aumenta el flujo sanguíneo hacia el pene durante la estimulación sexual.
Eso sí, su uso debe ser controlado porque puede ser fatal para las personas con problemas de corazón o pacientes bajo tratamientos de nitrato.
Más efectos La lista de medicamentos es variada, otro caso es del bevacizumab, comercialmente conocido como avastin, utilizado en el tratamiento del cáncer rectal y de colon metastásico, como parte de un régimen de quimioterapia combinada.
“Una reacción positiva de este medicamento fue que los pacientes con retinopatía diabética mejoraban, así que se empezó a usar intraocularmente, inyectando la sustancia directamente en el ojo”, explica el especialista.
La acetilcisteína, usada en padecimientos pulmonares para disminuir la viscosidad de las secreciones en casos de fibrosis quística, es otro ejemplo que mostró efectividad en el tratamiento de un tipo de conjuntivitis seca.
El caso de la talidomina apareció en los años 50 como un tratamiento eficaz para evitar las náuseas y el vómito, especialmente los provocados durante el primer trimestre del embarazo.
Años después se comprobó su efectividad para tratar padecimientos dermatológicos y reumatológicos, bajo un control estricto en mujeres.
“La prescripción debe estar acompañada de una prueba de embarazo para comprobar que la paciente no esté en gestación antes de iniciar la terapia.
Durante el tratamiento deberá realizarse pruebas de embarazo cada mes”, indica el dermatólogo Édgar Monreal Puente. Muchos medicamentos cambian su historia con el tiempo y terminan curando otros padecimientos, explica.
También existen mitos sobre los efectos que ocasionan ciertos medicamentos, como el uso de la pomada de las hemorroides para eliminar las bolsas de los ojos. O el caso de bimatoprost, conocido comercialmente como lumigan, un medicamento utilizado contra el glaucoma y la hipertensión del ojo, al que se le atribuye el crecimiento de pestañas.
En estos casos, los resultados no han sido comprobados, lo único que demuestran es el riesgo de una automedicación y la importancia de la prescripción médica.
