STEVE PEOPLES y JILL COLVIN,
Associated Press
BOCA RATÓN, Florida, EE.UU. (AP) — Muchos parecen percibir que el Partido Republicano está cambiando.
Hace menos de dos años, los líderes del partido declararon solemnemente después de un estudio exhaustivo que debían “adoptar y promover una reforma inmigratoria amplia”. Consideraron que era crítico para la supervivencia del partido abordar un asunto de gran importancia para la creciente población hispana. Pero cuando el presidente Barack Obama dispuso una orden ejecutiva sobre inmigración la semana pasada, algunos de los gobernadores republicanos más prominentes —con toda probabilidad incluso algunos posibles aspirantes presidenciales— describieron la reforma inmigratoria como algo al pasar. “La cuestión probablemente no está en la lista de los diez asuntos más importantes para la mayoría de los electores en Estados Unidos”, dijo el gobernador de Wisconsin, Scott Walker, quien considera una posible candidatura a la Casa Blanca en 2016, en la reunión anual de gobernadores republicanos, celebrada este año en Florida. Walker desestimó la orden presidencial de Obama que puede beneficiar hasta a cinco millones de inmigrantes protegiéndolos de la deportación, por considerarla una trampa destinada a desviar la atención “de los problemas reales del país”. Los comentarios reflejan un cambio significativo entre los líderes republicanos envalentonados por el éxito electoral en las elecciones legislativas de este mes, justo en momentos en que empiezan a entrar en calor las aspiraciones presidenciales. Después de conseguir la mayoría en el Senado, prácticamente ha desaparecido el sentido de urgencia que dominaba a la cúpula republicana después de perder en 2012.
