Un deporte Enfermo

Reflexiones

La Raza del Noroeste

La mayoría de nosotros ha venido a este país porque nos ofrece trabajo y oportunidades que en nuestros países es mucho más difícil conseguir; una vez aquí, vemos otras cosas buenas que hacen valer la pena quedarse, disfrutarlo como país con varios atractivos.

Uno de esos atractivos es el deporte organizado en muchos niveles, y otro son las instituciones universitarias poderosas, que garantizan buena educación y excelentes oportunidades al futuro de nuestros hijos, a veces de nosotros mismos.

El caso que nos ocupa esta semana, tristemente, es un paso atrás en esta sensación de grandeza y capacidad que traen las instituciones universitarias y dentro de ellas su poderoso brazo deportivo.

El escándalo en la Universidad de Pensilvania, reportado en nuestra página 22, con la consecuencia de la severas sanciones recibidas, tras ocultar por años sus directivos la información que tenían sobre el comportamiento depravado de unos de sus entrenadores, duele y hace daño al país entero y a quienes vivimos en el.

Muchos pueden decir que es un caso aislado pero ¿lo es? La pregunta sería, ¿qué es aislado, que un hombre pueda abusar de menores sin ser reportado? O tal ves, ¿Qué una universidad olvide sus principios educativos y protectores para mantener un negocio?

El deporte colegial es un negocio multibillonario, sus entrenadores ganan millones, sus atletas reciben con frecuencia “ayudas educativas” que rayan en pagos profesionales por pertenecer a una institución, también son endiosados y terminan cometiendo abusos y delitos a la sombra de su condición de ídolos.

El deporte universitario en este país está enfermo, lo enfermó el dinero como ha enfermado tantas cosas; Jerry Sandusky, abusó niños a la sombra de la necesidad del colegio por ganar títulos y acumular prestigio y millones.

Se necesitan más que sanciones puntuales para reconocer esta enfermedad, pero por lo menos en esta ocasión el país entero abrió los ojos.