Editorial
Por lo menos cinco Distritos escolares iniciaron el año escolar esta semana, con disputas laborales entre profesores y administradores.
Al cierre de esta edición, y afortunadamente, apenas uno estaba en huelga, los demás habían podido conciliar sus diferencias y salir a enseñar.
Pero el problema de las huelgas de maestros en este país, y específicamente en el estado, es el síntoma de crisis mayor y más preocupante: la crisis de la educación pública en este país.
Pareciera como si los Estados Unidos, a pesar de su poderío económico y posición de liderazgo, estuviera caminando en reversa, cediendo terreno en los campos más importantes de la vida humana; la educación, y la salud.
El debate por la reforma de salud está en pleno climax, los bandos están polarizados, y el Presidente se ha gastado mucho de su imagen política tratando de liderar una reforma.
Y allí el tema es del costo exagerado de los servicios, y las razones para estos costos.
En educación el tema es más grave, no hay suficiente dinero para dar a todos educación de calidad, pero usted no vé a los maestros comprando casas o automóviles lujosos, teniendo vidas holgadas, como sí se ve con frecuencia en el campo médico.
Los maestros son generalmente gentes de clase media, que viven en nuestros mismos vecindarios, con vidas y limitaciones similares a las nuestras.
Con todo, ellos usualmente no exigen solo mejor paga, usualmente están buscando mejorar las condiciones de sus alummnos.
Es difícil tomar partido en peleas sindicales, hay muchos intereses e información de ambos bandos complicada de analizar.
Pero en general es cierto que el público apoya a sus maestros, los respeta y les agradece el esfuerzo poco egoísta, de educar nuestros hijos.
Sus luchas son generalmente con buena intención.
