Una decada de observaciones

María Elena Salinas

Todo comenzó con el censo poblacional del 2000. La comunidad Latina estaba creciendo a pasos agigantados y muy pronto seria la minoría más grande de Estados Unidos. Los periódicos se preguntaban ¿Quiénes son estas personas? ¿Qué hacen aquí, de donde vienen y que buscan? Así es como nació mi columna sobre las Américas.

Me invitaron a escribir una columna sobre la comunidad hispana en los Estados Unidos y sobre América Latina para periódicos en ingles y español. Me encanto la idea. No que no tuviera ya suficiente trabajo, pero el hecho de poder compartir historias sobre los alti-bajos de la comunidad que sirvo y de la cual soy parte, me resulto y me sigue resultando un verdadero privilegio.

Sin embargo llego la hora de despedirme. El motivo es simple: Después de 10 años de escribir esta columna sindicada, necesito un respiro. Mi trabajo es cada vez más exigente al igual que mis responsabilidades como madre soltera de dos hijas adolecentes. Aunque he pasado largas horas haciendo investigación para las columnas y días de estrés al llegar la hora de entrega, lo he disfrutado inmensamente.

Mi trabajo en Noticiero Univision ha sido mi boleto para conocer el mundo y ser testigo de la historia. Mi columna me ha permitido compartir esas experiencias con millones de lectores. Mi cobertura de temas que afectan a los Latinos me ha dado la oportunidad de tener un conocimiento más profundo sobre las realidades que enfrentan, que muchas veces son ignoradas por los lectores de periódicos. Mi interés en América Latina también me ha permitido compartir con los lectores el complejo panorama social y político de la región. Con la columna he podido denunciar injusticias y corrupción, destacar historias de éxito y presentar personajes dignos de conocer.

Es evidente cuales son los temas que me apasionan: inmigración, educación, la injusticia social y los polémicos temas de política y religión. A aquellos que han alagado mi columna, se los agradezco. A aquellos que me han criticado, incluso me han pedido que me regrese a mi país, aunque naci en California, también les agradezco. La crítica constructiva me ayuda entender los diferentes puntos de vista, pero francamente también me ayudan a darme cuenta el nivel de desinformación que existe sobre los hispanos en el país. A los editores que valoraron mi opinión lo suficiente para hacerle espacio en las páginas de su periódico, mi más sincero agradecimiento.

Al escribir esta columna de despedida ya me estoy sintiendo nostálgica. Tengo por lo menos 10 temas que me gustaría comentar ahora mismo. Claro que el propósito de la columna es informar y educar al lector sobre la comunidad hispana y temas importantes del hemisferio, pero también me da la oportunidad de expresar mis inquietudes, hacer observaciones, y a mi manera, darle voz a quienes no la tienen — en particular a los inmigrantes cuyas historias se pierden en el discurso político negativo que más que un debate con diversas opiniones parece un monologo en el cual se le echa la culpa a los inmigrantes por todos los males del país.

La necesidad de expresarme la tengo muy arraigada. Por eso continuare escribiendo periódicamente con una agenda más flexible. En un futuro no muy lejano podríamos volver a encontrarnos en el ciberespacio o las redes sociales. Así es que este no es un adiós, sino un “Hasta pronto.”