Una grata velada en la casa blanca, pero nada mas

Jorge Ramos

Columnista

WASHINGTON, D.C.: Debo confesar que soy un invitado bastante desagradecido. El 19 de mayo asistí al banquete de Estado en el que el presidente Barack Obama fue anfitrión del presidente mexicano, Felipe Calderón, en la Casa Blanca. Debería escribir sólo cosas positivas de ambos líderes. Pero no puedo hacerlo.

Las relaciones bilaterales tensas entre México y Estados Unidos no son algo abstracto para mí. Y por eso me dolió tanto ver todos los asuntos que fueron dejados de lado y no atendidos durante la visita de Calderón esa cena de Estado del 19 de mayo, en momentos en que ambos países podrían resolver muchos de sus conflictos principales simplemente con un poco más de cooperación y creatividad … quizá a expensas de su tenaz orgullo.

Veamos, por ejemplo, el terrible índice de criminalidad en México. Más de 22 mil personas han muerto en crímenes vinculados al narcotráfico desde que Calderón llegó a la presidencia en el 2006, según estadísticas de su propio gobierno. Y la independiente Comisión de Derechos Humanos de México calcula que cada día, en promedio, 7 personas son secuestradas.

La visita de Calderón a Washington la semana pasada se vio ensombrecida por el secuestro del ex candidato presidencial Diego Fernández de Cevallos. Calderón evitó hablar del tema, pero es un crimen grave, con consecuencias iguales a las que hubiera habido aquí si un ex candidato presidencial estadounidense como John McCain o John Kerry hubieran sido secuestrados.

Pese a lo que Calderón ha dicho, la oleada de criminalidad en México no es sólo un problema de imagen. México es un lugar verdaderamente peligroso, no diferente de la Colombia de los años 90. El narcotráfico es un negocio, y en consecuencia debe combatirse no sólo con un ejército, sino también con inteligencia. Sólo con mejor inteligencia se puede frenar el lavado de dinero en ambos lados de la frontera y el tráfico de armas del norte al sur. Y algo es seguro: simplemente continuar haciendo más de lo mismo no es una solución real.

También persiste el polémico asunto de la inmigración. Nadie habla ya de crear un acuerdo de inmigración entre México y Estados Unidos, como ocurrió durante el sexenio de Vicente Fox. Estados Unidos de hecho eliminó a México de la ecuación y está tratando de resolver el problema por su cuenta. Eso es completamente absurdo. Calderón incluso dijo en su discurso ante el Congreso de Estados Unidos el día después de la cena de Estado: “Para nosotros, la migración no es sólo su problema. Vemos la emigración también como nuestro problema.”

La gran mayoría de los aproximadamente 11 ó 12 millones de inmigrantes indocumentados actualmente en Estados Unidos son mexicanos, y más llegan de México cada día. Y tan pronto como sea evidente una recuperación económica en Estados Unidos habrá una nueva y redoblada ola migratoria hacia el norte … para la cual Estados Unidos no está preparado.

Sólo un acuerdo de inmigración realista entre México y Estados Unidos — que permita un flujo legal, continuo y ordenado de mexicanos hacia Estados Unidos — puede atacar de raíz y proporcionar una solución de largo plazo a este problema. Pero en la Casa Blanca, la semana pasada, Obama y Calderón ni siquiera discutieron la posibilidad de tal acuerdo.

Pero hay que decir la verdad. Calderón vino y se fue, y todo sigue igual.

La cena fue maravillosa. Pero simplemente no fue suficiente.