Más alumnado
Un salón sobrepoblado con 40 o 60 alumnos fomenta la competitividad entre los estudiantes, asegura Claudia Sotelo, directora del Centro de Especialización en Estudios Psicológicos de la Infancia (CEEPI).
“Esto hace que todos puedan aportar, que puedas escuchar a los demás e, incluso, aprender de ellos. Además, tienes la posibilidad de relacionarte con diferentes perfiles de personalidad”.
Susana Salazar, responsable del área de Educación Continua en CEEPI, afirma que esta situación ayuda a los jóvenes a fomentar su liderazgo y creatividad.
“Favorece cuestiones de extroversión, pues para ser escuchado tienes que armarte de valor”.
A la par de las ventajas de dicho esquema, la especialista agrega que en los grupos numerosos se incrementan las conductas de bullying y es más fácil que los jóvenes no se responsabilicen de sus deberes.
Menos alumnado
En los salones con pocos estudiantes, la instrucción es más individual, señala Herminia Aguilar, maestra en psicología.
“Los contenidos académicos son mejor captados por los alumnos, pero, al mismo tiempo, tiene el inconveniente de que promueve una relación demasiado estrecha con profesores y compañeros”.
Por lo anterior, ante la renuncia de un maestro o cualquier cambio en la constitución del grupo, se puede generar un desequilibrio emocional en los estudiantes.
Una ventaja de que los jóvenes estudien en clases con pocos alumnos es que pueden progresar a su propio paso, cuestión que les permite plantear sus propias metas.
“Se les enseña de acuerdo a su capacidad de aprendizaje, sólo hay que tener cuidado de que comprendan que así no funciona el mundo real, que no va a su ritmo”.
