Cuando el juego genera conocimiento

Staff Agencia Reforma

“Todo niño que juega se comporta como un poeta”, afirmaba Sigmund Freud.

A decir de especialistas, al realizar actividades lúdicas, individual o grupalmente, se estimula el lenguaje, la creatividad, la interacción y la asociación de conceptos.

Además, ya sea a través de juegos de competencia, azar, vértigo o de simulacro (en éstos últimos se imitan acciones) se asimilan reglas por medio de los acuerdos sociales y los niños forman un mayor conocimiento del mundo que los rodea.

Para Alicia Leyva, licenciada en pedagogía por la Universidad Panamericana, en el juego se desarrolla la capacidad de imaginar y crear.

“Lo que se aplica en jugar a “como si” es un patrón imitativo del adulto en donde el niño soluciona problemas y, al mismo tiempo, va construyendo simbólicamente”, explicó Leyva.

“Por otro lado, un niño que no juega y no tiene actividades como canto y mímica va a hablar mucho menos puesto que es un hilo que va ligando las vivencias, las palabras y sus propias expresiones”.

Por lo anterior, fomentar el juego, sobre todo de los cero a los ocho años, favorecerá que el niño tenga un aprendizaje significativo en su vida, que no olvidará al crecer.

Jenny Pavisic, psicoanalista con especialidad en práctica clínica con niños, recomienda conseguir un equilibrio entre las múltiples clases de un infante y el juego como herramienta de enseñanza para un desarrollo cognoscitivo integral.

“El juego está intrincado en el accionar del niño. Si se aplica en él para generar conocimiento, quien le enseña será más bienvenido a que si sólo se le sienta rígidamente a escuchar, pues su capacidad de atención en ese periodo de edad es muy corta.

“Las actividades lúdicas rompen con el desarrollo de las actividades escolares y suspenden los imperativos de la disciplina, pues el juego es una necesidad vital para el niño”, detalló Pavisic, citando un documento de la UNESCO.