Los analgésicos también tienen riesgos

Staff Agencia Reforma

MÉXICO, DF .- El uso de los analgésicos es muy común y la mayoría de la población se automedica para mitigar dolores de cabeza, musculares, artríticos, entre otros.

Sin embargo, su uso debe ser moderado, de lo contrario, pueden ocasionar efectos secundarios, muchas veces graves.

“Los analgésicos son utilizados cuando una enfermedad o accidente produce dolor, pero es muy importante que la gente sepa que no todos los tipos de dolor responden a los mismos medicamentos”, señala Teresa Nava Obregón, jefa de la Clínica del Dolor de Hospital Universitario.

“Además, cada individuo puede tener una respuesta ligeramente distinta a un analgésico”.

El problema con los analgésicos es que las personas los consumen de manera indiscriminada porque los pueden comprar libremente, situación que propicia la automedicación.

“Las personas se automedican y a veces ni siquiera saben cuál es la causa de su dolor. Esto es peligroso porque pueden enmascarar alguna enfermedad grave”, comparte Nava Obregón.

“Los pacientes de la tercera edad suelen recurrir a los analgésico por tiempo prolongado para mitigar los dolores propios de la edad, pero existen otras alternativas para combatir el dolor, los analgésicos son sólo una parte de su tratamiento”.

También es común que los pacientes con dolor crónico abusen del uso de estos medicamentos.

“Todos los analgésicos tienen el riesgo de producir efectos adversos aun cuando se utilicen a dosis terapéuticas, pero el riesgo se incrementa considerablemente cuando se utilizan sin prescripción médica”, advierte por su parte Lourdes Garza Ocañas, jefa del departamento de Farmacología y Toxicología del Hospital Universitario.

“Cada analgésico tiene una potencia diferente, por lo que cada uno debe usarse en una dosis específica”.

Para cada tipo Tan populares son los analgésicos que todos parecieran iguales, sin embargo, existen diferentes tipos, siendo los más conocidos los del grupo de analgésicos antiinflamatorios no esteroides (AINES).

“En este grupo se encuentra el ácido acetilsalicílico, el diclofenaco, el ketorolaco, el ibuprofeno, entre otros, que junto con el paracetamol, constituyen el primer escalón analgésico para el tratamiento del dolor leve a moderado como el dolor de cabeza, el muscular y de articulaciones”, señala Lourdes Garza Ocañas, jefa del departamento de Farmacología y Toxicología del Hospital Universitario.

Cuando los analgésicos de este grupo no son suficientes para quitar el dolor se recurre al segundo escalón analgésico donde se encuentra

el grupo de los analgésicos opioides menores, como el tramadol.

“También están los analgésicos opioides mayores, como la morfina, el fentanilo, la oxicodona y la buprenorfina, entre otros, que al ser mucho más potentes sirven para tratar dolores severos como los postoperatorios o dolores crónicos ocasionados por enfermedades como el cáncer”, indica la también responsable del Centro de Información Toxicológica del Hospital Universitario.

Por su parte, la anestesióloga Teresa Nava Obregón explica que existen medicamentos como los corticoides, antidepresivos y anticonvulsivos, que sin ser analgésicos ayudan en el tratamiento de cierto tipo de dolores.

“Es importante saber que en ocasiones se pueden recetar antidepresivos y antiepilépticos para tratar el dolor neuropático o potenciar el efecto de otros analgésicos”, manifiesta.

Suaves, pero fuertes Los efectos adversos de los analgésicos son poco comunes en adultos sanos que los utilizan de vez en cuando. Sin embargo, cada analgésico debe tomarse en una dosis específica y por tiempo determinado, de lo contrario, aumentan las probabilidades de complicaciones.

“No se recomienda combinar analgésicos del grupo de los AINES, por ejemplo, tomar ácido acetilsalicílico y diclofenaco o naproxeno juntos, porque no se ha demostrado que aumente la eficacia, pero sí el riesgo de efectos adversos”, advierte Lourdes Garza Ocañas, jefa del departamento de Farmacología y Toxicología del Hospital Universitario.

Cuando los AINES son administrados de manera prolongada pueden producir dolor abdominal, gastritis, úlceras y hemorragias gastrointestinales.

Y a dosis altas pueden producir daño renal, vértigo, mareos, confusión y trastornos hidroelectrolíticos.

“Es importante señalar que al incrementar la dosis también aumenta el riesgo de aparición de efectos adversos”.

Por otra parte, existe la llamada dependencia que puede ser psíquica o física, la cual se presenta cuando el cuerpo se acostumbra al medicamento y necesita continuar consumiendo el fármaco para su desempeño normal.