Georgina Montalvo
Agencia Reforma
“Recientemente se está observando que la obesidad, la diabetes, las dislipidemias (colesterol alto) y presión alta se encuentran en aumento en población más joven, incluso en niños; lo cual es preocupante, pues estas condiciones son las que aumentan el riesgo de mortalidad cardiovascular”, señala Simón Barquera, director de Investigación en Políticas y Programas de Nutrición, del Instituto Nacional de Salud Pública.
“La diabetes tipo 2, por ejemplo, era una enfermedad que se presentaba a partir de los 40 años, pero al hacer menos ejercicio y consumir más comida procesada, la población empezó a ganar peso y eso, sumado a la carga genética que como raza tenemos para desarrollar esta enfermedad, estamos viendo a niños de 12 o 13 años, incluso de 8, con la enfermedad”, comenta Luz Elena Bravo, pediatra experta en diabetes del Centro Médico Nacional La Raza.
Este panorama implica que si no se les ayuda a modificar desde ahora diversos comportamientos de su estilo de vida, niños que se enferman alrededor de su primera década de vida llagarán a la tercera, probablemente, con las complicaciones clásicas de este mal: retinopatía, neuropatía, pie diabético, daño renal, entre otras.
Genética y ambiente
El rápido incremento en la obesidad en la población no puede relacionarse sólo con el cambio genético, advierten médicos en un artículo publicado en la revista Medicina Interna de México.
“El medio ambiente ha cambiado de manera espectacular al paso de las últimas décadas y se le ha considerado, quizá, el factor más trascendental en el incremento actual de la obesidad, lo que ha sido mucho más impactante en los niños y jóvenes”, refiere el artículo Diabesidad: Un Enfoque Epidemiológico y Preventivo.
Actualmente se vive el nivel más bajo de actividad física en la historia de la humanidad, aseguran los autores.
“Desde edades muy tempranas, el incremento en el uso de videojuegos, largas horas frente a la computadora, el uso de la internet y el teléfono celular, así como múltiples canales de televisión, aunado al uso indiscriminado de automóviles para realizar viajes a muy corta distancia, han provocado el poco movimiento”.
Entre 85 y 90 por ciento de las personas que reciben el diagnóstico de diabetes tipo 2, son obesos en ese momento.
Un estudio en el que se les preguntó a niños obesos qué alimentos consumían y a qué hora reveló datos como los siguientes: la mayoría desayuna cereal de caja o galletas con relleno, come frituras durante el recreo y al salir de la escuela, y cena pan dulce. El valor normal de glucosa en ayuno es 100 y se considera la presencia de diabetes con 126.
“Nos llegan muchos niños que no alcanzan el diagnóstico de diabetes, pero con un nivel de 101 a 125, lo que se considera ‘prediabetes’”, explica Bravo.
Presión arterial
Desde 2005 se ha documentado que entre el 1 y 10 por ciento de la población infantil tiene hipertensión y pronosticado que habrá un aumento en las tasas de esta enfermedad debido a la obesidad en niños y adolescentes.
“Se debe concientizar al médico general y al pediatra sobre la necesidad de tomar rutinariamente la presión arterial en los niños, utilizando la técnica adecuada, con el niño tranquilo y empleando el brazalete adecuado”, recomienda a la comunidad médica un artículo de la Revista Mexicana de Cardiología.
Igual que en los adultos, la hipertensión en los menores no produce síntomas, pero generalmente está presente en quienes presentan debilidad, palidez, detención del crecimiento, dolor abdominal, dificultad para orinar, orinar de más o baja en la producción de orina.
Ante cualquiera de estas condiciones, y más si el niño es obeso, se le debe llevar con el pediatra.
De igual manera si un niño o joven con sobrepeso u obesidad tiene alteraciones en lípidos y en la glucosa, comenta Bravo.
Cambio urgente Los expertos afirman que el cambio de hábitos debe iniciar en casa, mientras siga habiendo publicidad de alimentos con alto contenido calórico y comida chatarra disponible en las tiendas dentro y alrededor de las escuelas.
“Lo primero es no considerar que los niños tienen que comer como adultos, a veces les sirven raciones muy grandes y además le piden que se las terminen”, comenta la pediatra del IMSS. Hay que buscar, con ayuda de un nutriólogo, las porciones adecuadas según la edad del niño o joven y la actividad física que realice.
Otra recomendación es tratar de no consumir bebidas endulzadas y jugos o néctares de fruta, aunque sean naturales. Lo ideal es consumir las frutas completas para aprovechar la fibra de sus cáscaras.
