Rodolfo G. Zubieta
Agencia Reforma
Como si se tratara de un recuento de su carrera, el show que dio Hugh Laurie anoche en el Auditorio Nacional explotó cada una de sus facetas profesionales.
El británico hizo gala de su vena teatral, con una escenografía que evocaba un bar del Nueva Orleans de mediados del siglo pasado, y monólogos llenos de humor y energía.
Estas piezas sirvieron como peones para el jaque mate que el británico le aplicó a los 6 mil 800 mexicanos reunidos: la música, su verdadera pasión.
“Buenas noches, México ¿cómo están? Estamos muy contentos de estar aquí. Muchas gracias por venir”, señaló Laurie en español, tras arrancar el recital a las 20:40 horas con “Iko Iko”, y beber un sorbo de tequila.
“Eso es todo. Usé todo el español que sabía en un minuto. Soy un idiota inglés que no habla español. Sé que toman un riesgo hoy, porque hasta hace poco era actor y no saben que va a pasar ahorita, pero les puedo decir que están en buenas manos con estas personas detrás de mí: The Copper Bottom Band”.
El público, pacientes ávidos de que el ex Dr. House les recetara una buena dosis de blues, aplaudió de pie, cantó y muchas mujeres hasta le gritaron varios “¡Te amo!” en inglés, los cuales Laurie correspondió con las mismas palabras, besos incluidos.
Además de tequila, bebió agua, whisky y “jugo de manzana británico” y, a la mitad del show, le deseó suerte a los mexicanos en el Mundial de Brasil.
