‘Mi prioridad son mis hijos’.- Diego Luna

Raymundo Zamarripa

Agencia Reforma

La madrugada del 10 de mayo, un temblor cimbró la Ciudad de México, poniendo en alerta a algunos chilangos e interrumpiendo el sueño de otros, incluido Diego Luna. “Después de estar en calzones a las 3am en la banqueta con los vecinos algo se rompió!! Ya nunca nos veremos igual el uno al otro”, compartió a través de Twitter en esa ocasión.

Su comentario nos hizo preguntarnos qué preocupaciones puede tener alguien a quien hemos visto con y sin calzones en la pantalla y en los escenarios y que, además de ser un director y productor de cine y líder de opinión, es también un ciudadano y padre de dos pequeños.

“Sin duda para tener una conciencia de comunidad, convertirme en padre ha cambiado mi manera de relacionarme con lo que me rodea. Todo lo analizas en relación a otro ser o a otros. Es inevitable no vivir más pendiente del prójimo”, comenta Diego en entrevista.

Jerónimo y Fiona, de cinco y tres años respectivamente, son los hijos del actor, producto de la relación con su ex pareja, Camila Sodi.

“Tú ves a un padre caminando y analizas su situación, porque sabes qué hay detrás de lo que le está pasando”, añade.

Esa capacidad para observar tanto lo individual como lo grupal, y su particular forma de hacerlo a través del oficio de contar historias, lo ha colocado en un sitio privilegiado que le permite conectar con su público en distintos niveles.

“Eventualmente, lo que estás haciendo va a tener todo que ver con dónde vives, quién eres o qué te preocupa”.

Sin embargo, sin importar que es una estrella internacional que cuenta con más de un cuarto de siglo de carrera, una casa productora y tres películas como director, J.C. Chávez (2007), Abel (2010) y César Chávez (2014), las prioridades en la vida del actor de 34 años están muy claras.

“Ahorita hay en realidad una sola cosa importante, por lo menos para mí, que son mis hijos. Después viene todo lo demás”, afirma.

UN PADRE TRABAJO

Su crecimiento personal y profesional, atestiguado por la opinión pública desde que era un niño, ha quedado manifiesto en cada nueva aventura profesional que Diego ha emprendido.

“Mi trabajo es una huella que se va dejando y yo sin duda relaciono los momentos de mi vida con el proyecto que haya estado haciendo en cada momento”, asegura.

Por ello, aunque algunas huellas permanezcan, como ocurrió con el fenómeno de los “Charolastras” gracias al éxito de Y Tu Mamá También (2001), es su etapa más reciente, como creador, la que nos deja ver un poco más al Diego a quien Jerónimo y Fiona conocen simplemente como su papá.

“Siento que cuando volteo hacia atrás estos últimos años, estas tres películas que he hecho como director hablan de ese cambio tan grande que he tenido, que es pasar a ver la vida desde el ángulo de los padres”, afirma.

El mejor ejemplo de cómo la labor de Diego reflejó la perspectiva que trajo consigo la paternidad es la película Abel, planeada originalmente como una comedia sobre un niño que se creía su papá.

“Esa película es la declaración de qué padre no quiero ser, y eso está representado en el personaje de José María Yázpik, y una reflexión sobre qué pasa cuando un hijo tiene que crecer con la ausencia paterna o materna, qué genera eso”, explica.

En la historia, el niño quiere tener un hijo con su mamá y se cree padre de sus hermanos, situaciones que causan desconcierto y hablan de la profunda soledad que experimenta Abel, haciendo que el filme se torne triste.

“Cuando la escribí me parecía muy simpática, hasta que cuando empecé a filmar yo ya tenía un hijo y me dejó de dar risa”, recuerda Diego.

“Se volvió más un drama que una comedia. No estaba como cuando la empezamos a escribir, hablando de algo que me imaginaba”.

Antes estuvo el documental J.C. Chávez y este año estrenó la cinta César Chávez, que son también exploraciones sobre la relación paterno filial.

La primera habla sobre un joven boxeador que sigue los pasos de su padre y la segunda sobre el conflicto de un adolescente que padece la ausencia de su padre, quien está enfrascado en una batalla social.

“De alguna forma el dirigir está conectado con la paternidad. Pocas veces sientes que algo es tan tuyo y a mí pocas veces mi trabajo me ha importado tanto.

“Como productor o director, te involucras desde el origen, vives los problemas, entiendes las condiciones. Es una experiencia total, completamente redonda”, enfatiza.

MÉXICO COMO ESCENARIO

“Este país es de muchos contrastes y no lo digo yo. Si bien le da pocas oportunidades a tanta gente, hay algunos que nos da una libertad total, plena”, dice.

La libertad de que goza para expresar lo que piensa y el situarse en ambientes y situaciones que hacen eco entre la gente son una de las claves de su éxito.

“Las historias tienen un contexto y si uno es fiel a ese contexto, si uno es respetuoso con esa realidad, eventualmente acabas haciendo algo que funciona como un espejo para el público”, afirma.

“Al convertirte en padre todo cambia. El ángulo cambia y creo que te sensibiliza en todos sentidos, con la historia del prójimo. Te hace mejor persona, inevitablemente”.