Arjona escribe sobre su nuevo disco

Agencia Reforma

Todo empezó como empiezan siempre las canciones. A pulso de guitarra o golpeando el piano en busca desesperada de la canción más importante del universo.

Dicho sea de paso, el autor no advierte que su canción no es la más importante de todos los tiempos hasta que baja de la nube y se da cuenta que sólo será la mejor canción que uno escribió mientras termina la siguiente.

Lo cierto es que terminadas las canciones, a uno, y a los cómplices de los discos, les da por ponerles encima cuanto adorno creen necesario: sección de cuerdas para solemnizar el estribillo, percusiones para acompañar los versos, guitarra eléctrica para potenciar, acústica para acompañar, batería para la fuerza, bajo para que amarre y, así, súmele usted los etcéteras.

Lo cierto es que, al final del camino, en muchos de los casos, suelen quedar canciones incómodas. Como quinceañera el día de su fiesta, despampanante entre tanto adorno, pero con dificultades de defenderse sola cuando anda por ahí.

Así es que esta vez las canciones se quedaron casi como nacieron, y se les agregó sólo lo que a ellas les seguía pareciendo lo suficientemente cómodo como para desplazarse por ahí casi de manera desnuda y sin complejos.

Suena fácil, pero el proceso fue muy difícil. Primero, porque había que convencer a todo el séquito de gente talentosa que participó, que las canciones debían quedarse así y que no había que sumarles más cosas.

Fácil es decirlo, difícil es convencerlos a todos porque siempre hay alguien que tiene una idea brillante que le viene como anillo al dedo a la canción.

Hoy, este disco, después de escucharlo y escucharlo, llego a la conclusión de que su nombre es el bautizo más importante que hice en mi vida, quizás porque nunca supe darle a ningún disco el nombre justo que se merecía.

Con Poquita Ropa las canciones se sienten bien y yo, mejor, porque era el disco que quise hacer desde siempre. Además: “En la poquita ropa de las cosas, habita la belleza básica, cansada del disimulo de su magnitud, por culpa del exceso de las prendas.